Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria
Horizontes

Un mundo radicalizado

El mundo está cada vez más radicalizado entre razas, ideologías y religiones. El fundamentalismo se toma el mundo y los extremos están presentes en la vida política y social de nuestras naciones. Cada día en el mundo hay sucesos de diversa índole que muestran esta realidad.

El radicalismo religioso no encuentra lugar en el Medio Oriente y se ha desplazado constantemente a países como Francia, Bélgica, Burkina Faso y España. Barcelona y Las Ramblas fueron la punta del iceberg de un imán que recogió jóvenes para hacer atentados terroristas sin que nadie sospechara de ellos. Iba a ser mayor y aun así fue grande y el daño que creó se canaliza por un lado en solidaridad, pero por otro en odio.

El terror se globaliza. El terror radicaliza, la radicalización trae más radicalización de los extremos, en España se habla de reacciones de islamofobia en la web y de numerosos ataques a mezquitas y agresión física a musulmanes. En el 2016, de los 1.272 incidentes reportados, 573 fueron por islamofobia. El miedo al terror, el odio se retroalimenta y el miedo es que crecerán el racismo y la falta de tolerancia religiosa.

Y es que el mundo es más amplio y ahí entran también los sucesos en Charlottesville, Virginia, donde las manifestaciones de la supremacía blanca muestran un pasado racial que no ha sido resuelto pues la división racial todavía se siente como se vio en semanas pasadas, cuando un joven blanco entró a una iglesia africana y mató a nueve afroamericanos y cuando la semana pasada el enfrentamiento contra manifestantes de la marcha dejaron un muerto y una treintena de heridos cuando un vehículo arrolló a los manifestantes

Y es que los grupos de odio crecen en EE.UU., se dice que hay de más de 800 y cada día crecen las agresiones físicas por razones raciales, religiosas e ideológicas. Por supuesto que la postura del presidente y su discurso no ayudan, que condena a todos, pero no condena a la supremacía blanca, un grupo del que siempre recibió apoyo.

El mundo y la sociedad deben repudiar los extremos y las provocaciones de aquellos que con sus posiciones extremas sólo generan odio y radicalizan la sociedad. Y si bien estos son ejemplos religiosos y de racismo, en lo político el mundo y nuestro país también van por ese camino y es preciso que nuestros líderes sean conscientes del daño que pueden causar.

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