Por: Cartas de los lectores

Un Nobel de Economía para la paz

Si ha habido un premio Nobel de Economía que me haya causado inmensa alegría y satisfacción es el asignado a esos tres maravillosos economistas: Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michel Kremer, y no porque los hubiera conocido antes, no, como para muchos, eran unos perfectos desconocidos; sino por la razones que tuvo la Academia sueca para otorgárselo. Centraron su trabajo en la lucha contra la pobreza, con un enfoque experimental y un legado respaldado por una organización mundial que busca reducir la pobreza. Parecerían unos argumentos sacados de un cajón si no tuviera esa carga de realismo duro para buena parte de la humanidad. En Colombia lo vivimos con nuestros compatriotas marginados de la costa pacífica, especialmente, y con los inmigrantes venezolanos que cada día nos conmueven más. Ver a un niño buscando comida en el basurero… no tiene nombre, y sobre todo si el basurero queda cerca de un gran supermercado o a un lujoso restaurante.

Cada vez que anunciaban al ganador de este premio, obviamente un científico, y el motivo por lo cual se había ganado el premio, quedaba un sinsabor porque si bien sus estudios e investigaciones apuntaban a la perfección de un aspecto o factor económico tradicionales, generalmente de política monetaria o de mercados financieros, como lo anotan sus pupilos que se formaron a su amparo; la solución de los problemas de la gente quedaba en el limbo.

Los galardonados son personas jóvenes, dos de ellos forman una pareja y me recuerda a ese fantástico matrimonio de los Curie. Su trabajo de campo realizado con un convencimiento excepcional y una ética de vida de cada uno son ejemplares y tiene como propósito que las investigaciones que lideran salgan de la comodidad académica al terreno de los pobres del mundo. La verdadera misión de la economía.

Las facultades y programas de economía tienen el deber de estudiar, investigar e imitar a estos jóvenes nobeles. La pobreza no puede continuar como un tema teórico bien fundamentado sino en estudios investigativos y experimentos que demuestren el aporte de esta profesión a la solución de los problemas locales, regionales, nacionales e internacionales. Las organizaciones no gubernamentales también tienen esa responsabilidad. Eso se llama trabajar por la paz sin banderas políticas y mucho menos intereses electoreros.

Ána María Córdoba Barahona. Pasto.

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2019-10-28T00:00:52-05:00

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