Por: Cecilia Orozco Tascón

Un órgano sin "urna de cristal"

LOS AIRES FRESCOS QUE —POR CONtraste con la época anterior— se respiraron en la semana inicial de la era Santos, y el compás de espera que columnistas y sectores sociales le han dado a la nueva Administración...

LOS AIRES FRESCOS QUE —POR CONtraste con la época anterior— se respiraron en la semana inicial de la era Santos, y el compás de espera que columnistas y sectores sociales le han dado a la nueva Administración, no pueden convertirse en disculpa para dejar de comentar síntomas poco sanos que se empiezan a notar en asuntos que, aunque no son del resorte único del Ejecutivo, sí están en su ámbito de influencia. En efecto, en la presidencialista Colombia, y conociendo la lambonería típica de quienes se mueven alrededor de la Casa de Nariño, se sabe que nadie se atrevería a mover un dedo sin el consentimiento explícito o tácito del recién llegado a Palacio. Menos aún habría gestos de autonomía en el Congreso de la República, hoy un apéndice más de la primera rama del poder.

La abierta manipulación del partido de Juan Manuel Santos a la hora de conformar la Comisión de Investigación y Acusaciones de la Cámara de Representantes indica que al recinto que la alberga, están lejos de llegar los vientos de cambio que se esperarían después de la “urna de cristal” de la que habló el Mandatario como característica de su periodo. Y que, muy por el contrario, se mantendrá la dañina tradición “jurídica” y de dominio político de ese órgano por parte de las fuerzas oficiales, para clausurar la posibilidad de investigar las conductas pasadas, presentes y futuras del jefe de Estado actuante. Y también las de sus predecesores, por hechos que hayan sucedido en sus respectivas presidencias.

Por acuerdo de la supermayoritaria coalición gubernamental, de los quince miembros que integran la Comisión, 5 son de la U, 3 del Partido Liberal, 3 del Conservador, dos de Cambio Radical, uno del vergonzoso PIN y uno de las negritudes. Significa que, si acaso, una voz (negritudes) sería imparcial a la hora de revisar procesos o de abrir investigaciones sobre lo ocurrido en los ocho años que acaban de terminar o en los cuatro que están por venir. Como si ya no fuera suficiente, la U notificó que no cederá la presidencia de la Comisión a otro partido, en este periodo gubernamental. Se supone que la composición de tal remedo de tribunal refleja numéricamente las fuerzas de la Cámara. Pero eso no disculpa el arrogante comportamiento del oficialismo frente a la oposición, constituida por el Polo, a cuyo representante —Iván Cepeda— le cerraron la puerta en la nariz; o al naciente Partido Verde, que se ha declarado simplemente neutral.

Uno o dos miembros de quince no pueden alterar decisión alguna. ¿Cuál es el problema, entonces?  ¿Será que no desean tener testigos con audiencia internacional que relaten lo que allí va a pasar? Con todo respeto por el parlamentario de las negritudes (Jair Acuña), él no cuenta con la credibilidad ni con el respeto que inspira la causa de los derechos de las víctimas que Iván Cepeda enarbola en los foros multilaterales, así lo detesten o lo ignoren en el país.

Es raro que la Comisión de Acusaciones se arme hasta los dientes en contra de la probabilidad de tener que examinar futuras denuncias contra el Mandatario actual. Resulta más posible que, en lugar de esa prematura precaución, el muro de contención que se levantó, intente proteger al ex presidente Uribe. ¿De algo real y grave? Nadie lo podría asegurar hasta el momento, justo porque no ha habido investigaciones. Tal vez de eso se trata. Lo paradójico es que al presidente Santos, a la vuelta de los años, le corresponda convivir con una Comisión de Acusaciones igual o peor a la que él tanto criticó —con buenos argumentos— en tiempos de la absolución a Ernesto Samper.

 

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