Por: Luis Carlos Vélez

Un pacto para crecer

La guerra es un estado en el que unos pocos ganan y muchos pierden; así también es el estado permanente de guerra de palabras y división que solamente beneficia a unos pocos políticos que se presentan como salvadores mientras sus acciones destruyen el mundo real donde el resto vivimos.

Los políticos colombianos y, usted sabe muy bien de quiénes estoy hablando, en los dos lados del espectro, se han encargado por turnos de destruir el país para presentarse en el siguiente ciclo como la verdadera solución; pero cuando llegan se encuentran con las mismas trabas que crearon y un oponente vengativo listo para cobrar.

Los dos más recientes ciclos de oposición, con protagonistas diferentes, han sido iguales. El bloque de hoy —Decentes, Colombia Humana, FARC y la U— hace lo mismo que tanto criticaba del uribismo cuando, con las mismas tácticas, era un palo en la rueda de todo lo que el santismo quería sacar adelante. Algo por lo menos paradójico, teniendo en cuenta que como extremos se presentan inmensamente diferentes, pero al momento de actuar son prácticamente iguales.

El problema de esta negativa constante de tono elevado es que como país no permite que crezcamos y, lo que es peor, genera un ambiente de pesimismo que se retroalimenta perversamente. Para que quede claro, no estoy diciendo que la oposición sea negativa, estoy advirtiendo que es la oposición por oposición y la sed de venganza lo que está destruyendo a Colombia.

La semana pasada en La FM entrevistamos a Simón Borrero, presidente de Rappi, quien muy acertadamente proponía hacer un “pacto nacional por el crecimiento”, lo que significa dejar a un lado la discusión de derecha e izquierda para empezar a buscar soluciones prácticas y efectivas que nos permitan elevar nuestro Producto Interno Bruto. Además, proponía Borrero, hacer consenso para evaluar a nuestros dirigentes bajo una métrica que establezca cuánto crecimiento nacional genera su labor.

Estoy con Simón. Sería maravilloso que colectivamente empezáramos a poner en evidencia a aquellos extremistas y populistas que solo quieren sangre para hacerse elegir y, cuando están en el poder, justificar su mediocridad con la excusa vaga de que no los dejan hacer nada.

En esa iniciativa también tenemos que estar los medios. Es cierto que hemos sido exagerados en la entrega desmedida de los micrófonos a quienes hacen buenos escándalos. En búsqueda de rating hemos exacerbado esa división de la que hoy tanto nos quejamos. En el apetito por los clics cada vez optamos más por cuadriláteros de boxeo que ojalá dejen muertos y no por verdaderas búsquedas del bien común.

Pero estoy convencido de que si empezamos a voltear un poco el lente hacia quienes en realidad construyen país con emprendimientos, trabajo, ejemplo y tesón, rescataremos un poco ese ingrediente que nos enseñaron los abuelos de levantarse temprano y acostarse tarde buscando las oportunidades. Si seguimos en las mismas vamos a seguir enseñándoles a los más jóvenes que hay que quejarse, insultar y pelear porque lo merecemos todo y así vamos a terminar en nada.

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2019-05-13T00:00:25-05:00

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2019-05-13T08:33:31-05:00

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