Por: Aura Lucía Mera

Un país de espaldas

Ya llegó al límite de lo grotesco.

Ningún gobernante, llámese presidente, gobernador, alcalde, senador, ministro, secretario burócrata, representante, ministro, representante, sacamicas, desde hace muchos años parece tener la menor idea de lo que sucede en el país. Tampoco los jefes guerrilleros, ni los capos, ni los paramilitares que ordenaron masacres.

Todo lo que sucede en la realidad sucede a sus espaldas. Arias nunca se enteró de la podredumbre de Agro Ingreso Seguro. A Samper, tan inteligente y tan astuto, se le metieron los elefantes del Serengueti por la espalda. Uribe tan berraco, tan chalán, tan macho, tan vivo, tan poderoso, jamás se dio cuenta de que los paramilitares se gestaron, parieron, crecieron y se multiplicaron alrededor de sus fincas ubérrimas e infinitas. Él las llamó “Convivir” y les dio su bendición: toda la sangre derramada, los hornos crematorios los cadáveres bajando los ríos, las fosas comunes, los desplazados, todo, fue a sus espaldas...

Los cohechos son actos masturbatorios: los que ofrecieron las prebendas lo hicieron de espaldas y se fueron tan campantes como Rin Rin Renacuajo a sus embajadas y otros lares. El prófugo excomisionado de Paz “desmovilizó” a miles de falsos paras, sin darse cuenta de que eran falsos. Fue a sus espaldas...

Los que entregaron bienes de los capos en Estupefacientes, los que chuzaron, los que ordenaron los falsos positivos, jamás se dieron cuenta de qué pasaba. Fue a sus espaldas.

El presidente actual no vio el paro que se le venía encima. Cuando estalló, él estaba de espaldas. No eran bultos de papa esperando en el camino: eran los miles de paperos que se movían. Ojalá se dé cuenta de que los indígenas que marchan por la Panamericana no son hormigas arrieras...

Mientras tanto, millones de desplazados, víctimas, viudas, huérfanos, chuzados, campesinos, siguen esperando un país justo, un país equitativo, un país con oportunidades. Pero no. ¿Hasta cuándo? ¡La pita está a punto de reventar!

P.D. No tiene ninguna justificación que el documental sobre la vida de Hollman Morris, Testigo indeseable, fuera prohibido en Colombia por órdenes de ex Uribe, y ningún teatro haya tenido los c... de exhibirla. ¡Tenemos derecho a saber la verdad! Y Hollman Morris merece el reconocimiento de Colombia por ser uno de los primeros periodistas en seguir arriesgando su vida por contarnos esa verdad. Así todo haya sucedido a espaldas de los que han manejado y manejan el país. ¡¡¡Se llegó la hora de la verdad!!!

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Aura Lucía Mera

Ven y llévame al mar

¡Sensaciones!

¡Aporófobos! (Le tenemos fobia a los pobres)

Abajo el celibato

Recreos horizontales