Por: Luis Carlos Vélez

Un país sin futuro

Las cifras son aterradoras, las historias, peores. Aunque recién estamos empezando noviembre y aún faltan dos meses para que termine el año, 2013 ya superó a 2012 en términos de la cantidad de delitos e infracciones cometidas por menores.

Este año, tan sólo en Bogotá, se llevan registrados 5.896 eventos, mientras en todo el año pasado fueron 5.687.

Los casos parecen ser cada día peores. La violencia e inconsciencia de los actos cometidos por menores de edad son simplemente aterradores. El episodio del pequeño mariachi asesinado por sus compañeros de colegio para supuestamente cumplir con el macabro plan de una niña celosa, los registros diarios de violencia entre pandillas en Medellín y Cali, y, como si fuera poco, los cada vez más comunes casos de matoneo que se registran prácticamente a nivel nacional, hacen parte de nuestra historia como país.

El viernes por la noche, en Última Edición de Noticias Caracol, tuve la oportunidad de hablar con Javier Harcker y Paula Aguilera, los padres de Jean Paul. Según ellos, su hijo se quitó la vida hace poco más de un mes luego de ser víctima de manera repetida de acoso y abusos en su colegio.

Paula y Javier lo describen como un pequeño inquieto, un tanto agresivo, pero amoroso y con carácter. Nada anormal. Sin embargo, su vida diaria en el colegio se convirtió en un infierno que lo llevó a suicidarse para dejar de luchar contra su cotidianidad.

La historia de Jean Paul no es la excepción. En Colombia uno de cada cinco niños ha sufrido de matoneo. Sólo en septiembre dos menores murieron por circunstancias relacionadas y, lo peor de todo, estos datos oficiales podrían ser mayores si se tiene en cuenta que existe un alto porcentaje de víctimas que no denuncian.

El caso de Paula, Javier y Jean Paul es aún más triste e inhumano. Incluso muerto, el niño no deja de ser matoneado. En su página de Facebook ha sido suplantado por alguien que pone mensajes como: “Estoy muerto jajajajaj” o “Estoy enamorado”.

Lo lamentable no es que el colegio no tenga las herramientas para detener este tipo de actuaciones o que las autoridades no lleguen a descubrir quién está detrás de estas despreciables acciones. No, lo realmente triste es que nuestros menores se comporten así, que nuestro futuro se vea así.

Las razones son múltiples. Seguramente algunos justificarán todo con la misma carreta de siempre: que este no es un país de oportunidades, que el resentimiento es justificado ante las amplias diferencias entre ricos y pobres, etc. Pero la realidad es que el ejemplo lo ponemos mal a diario desde casa y desde todos los ambientes. Y lo estamos haciendo mal. O qué se puede esperar en una nación donde los presidentes se insultan en redes sociales, los legisladores se suben el sueldo sin importar lo que piense el pueblo y los partidos políticos hacen consultas para violar sus propias normas.

Luis Carlos Galán se preguntaba , en medio de las llamadas convenciones de partido, cómo se iba a garantizar la democracia y la honestidad en el país si en el interior de las organizaciones políticas todo era caos. Tenía razón. El orden empieza en casa y el ejemplo que damos los adultos no sirve para construir nación.

 

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