Por: Rodrigo Uprimny

Un paso importante

La decisión unánime de la Corte Constitucional, que exhorta al Congreso a que en un término máximo de dos años corrija la discriminación contra las familias formadas por parejas del mismo sexo, es un paso significativo para la erradicación de todas las discriminaciones contra la población LGBT.

Como demandantes en este caso, junto con Colombia Diversa y otras organizaciones y ciudadanos, hubiéramos preferido que la Corte corrigiera inmediatamente esa discriminación y adoptara el matrimonio igualitario, extendiendo a las parejas homosexuales el derecho que hoy tenemos las parejas heterosexuales a contraer matrimonio.

La Corte podía hacerlo, pues una de las funciones esenciales de los tribunales constitucionales es proteger los derechos de las minorías contra la eventual discriminación de las mayorías. Por ello, otros jueces, como la Corte Suprema de Ontario. en Canadá, en 2003, han extendido en forma inmediata a las parejas del mismo sexo la protección del matrimonio.

La Corte Constitucional optó por otra solución, que es semejante a la adoptada por la Corte de Sudáfrica en 2005, que es otorgar un plazo al legislador para que éste sea quien corrija la discriminación. El parlamento sudafricano cumplió la tarea y aprobó una ley en 2006, que permite a cualquier pareja, de distinto o del mismo sexo, celebrar una “unión civil” y optar por denominarla “matrimonio” o “sociedad civil”.

La solución de nuestra Corte Constitucional es comprensible, pues busca respetar al máximo las atribuciones del legislador, aunque tal vez en Colombia era más apropiado que la propia Corte corrigiera en forma inmediata la discriminación, pues hasta ahora el Congreso ha sido una institución poco amistosa con los derechos LGBT. Pero en todo caso la decisión de la Corte, según la explicación hecha en rueda de prensa por su presidente, es un paso significativo, pues disuelve los cuatro posibles obstáculos constitucionales que algunos aducían contra el reconocimiento legal del matrimonio igualitario.

Primero, aclara que las parejas del mismo sexo conforman una familia, que tiene plena protección constitucional. Segundo, establece que el artículo 42 de la Constitución consagra el matrimonio heterosexual, pero que no excluye otras formas de matrimonio, incluido el matrimonio igualitario. Tercero, precisa que la procreación no es de la esencia de la institución matrimonial, por lo cual no puede aducirse que es un imposible reconocer el matrimonio de parejas del mismo sexo. Finalmente, señala con vigor que no es cierto que las parejas del mismo sexo tengan hoy todos los derechos iguales a las parejas heterosexuales, pues demuestra que la falta de una regulación equivalente al matrimonio para la familia derivada de la unión de las parejas homosexuales es una discriminación, que tiene que ser corregida.

La Corte ya hizo un gran avance. Ahora la pelota está en el Congreso y en el debate público y ciudadano, que no será fácil, pero que debemos ver como una oportunidad de avanzar hacia una sociedad más pluralista y respetuosa de la igualdad y la diferencia. Para este debate propongo tres preguntas, que ojalá me respondan quienes se oponen al matrimonio igualitario, para poder avanzar en esta discusión democrática:

Primero, si se trata de regular el matrimonio igualitario civil (no religioso), ¿por qué se siguen invocando argumentos religiosos en su contra?

Segundo, ¿por qué creen que el matrimonio igualitario debilita a la familia y a la institución matrimonial, si se trata de permitir nuevas familias y nuevos matrimonios?

Tercero, ¿no les parece cruel y discriminatorio negar a dos personas del mismo sexo, que se aman y quieren convivir y apoyarse mutuamente, la posibilidad de gozar la protección del matrimonio?

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