Por: Augusto Trujillo Muñoz

Un peligro doble

Estados Unidos de América ha sido una tierra peligrosa desde sus orígenes. Sus conquistadores sembraron muerte entre los pueblos nativos. Como todas las guerras, las suyas fueron también devastadoras. Su conquista del oeste fue un saqueo y la aventura del oro, que se libró a balazos, giró en torno al genocidio y la xenofobia. Hace 100 años sus mafias, que se identificaron con nombres como Capone, Luciano, Lansky, Schultz, dejaron miles de muertos. Los atropellos contra la población negra, en medio de la complicidad de los gobiernos, fue un crimen que cometieron para contrarrestar la lucha por los derechos civiles, esa sí, no violenta. Y, al parecer, hay quienes desean revivirla.

La ética calvinista de sus conquistadores favoreció el avance del capitalismo. En cierto momento de su desarrollo sirvió para dar vida al “sueño americano”. Hoy, por desgracia, son pesadillas. America first, como lo entiende su jefe de Estado, es una postura excluyente que desdibuja cualquier propósito integrador y solidario entre las personas, los grupos sociales y las naciones. Es excluyente, claro, pero también es, curiosamente, un signo de debilidad: pretende cerrar las fronteras con muros, como si no viviéramos en una aldea global.

Hace menos de una semana un hombre abrió fuego contra los fieles de una iglesia bautista en plena ceremonia religiosa y, hace poco más de un mes, otro asesinó a decenas de personas en Las Vegas. Salvo en situaciones de guerra, eso no ocurre en ninguna otra parte del mundo. Según datos que recogí del diario El País de Madrid, en los Estados Unidos mueren anualmente más de 30.000 personas por disparos con armas de fuego. Eso equivale a 93 muertos por día. La población civil tiene en su poder unos 300 millones de armas de distintas clases. Todo ello sin contar la violencia que exportan: Hiroshima, en el siglo XX, dizque para defender las libertades, e Irak, en el siglo XXI, que es historia bien conocida, son dos reveladores testimonios.

América del Sur no exporta violencia. Tampoco sus habitantes ejecutan masacres en las esquinas de cualquiera de sus ciudades, ni en sus iglesias, escuelas o discotecas. La matanza de Sutherland Springs es un suceso propio de tiempos y de pueblos bárbaros. No se compadece con ninguna forma de civilización. En dos meses, dos gringos llamados Stephen Paddock y Devin Kelley mataron cerca de 100 personas, sin contar los heridos que fueron más de 500.

El otro peligro que amenaza al mundo, desde los Estados Unidos, no es la violencia. Es el populismo. En América, el jefe de Estado más parecido al presidente de Venezuela es, precisamente, el de los Estados Unidos. El populismo se nota desde el momento en que nace por el odio que proyecta, por la exclusión que siembra, por las incoherencias que maneja. Está medio emparentado con los fascismos y los comunismos que seducen al pueblo con insania y terminan secuestrando el Estado de derecho.

Es increíble: al paso que vamos este continente no sólo va a aceptar la construcción del muro que propone el presidente norteamericano en la frontera sur de su país, sino que va a querer acelerarla. Hasta pediría otro muro para la frontera norte. En la lógica de Trump, es la forma de notificarle la conveniencia de impedir que los gringos salgan de su país, para evitar que lleven consigo el doble peligro que representan.

* Exsenador, profesor universitario. @inefable1

 

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