Por: Patricia Lara Salive

¡Un poco de música, por favor!

ANDRÉS CEPEDA, ESE CANTANTE bogotano que desde los cinco años aprendió a tocar el piano y a los 35 encanta a los jóvenes y también a los viejos, ¡y especialmente a las viejitas! que crecimos al ritmo del bolero, está en su cuarto de hora: no sólo acaba de sacar su mejor disco, el quinto, titulado Día tras día.

También se presentará el próximo 18 de julio en el Teatro Colsubsidio de Bogotá con la Orquesta Sinfónica Nacional, concierto del cual, probablemente, se haga otro disco. Y el 20 de julio estará acompañado por el presidente Uribe en un concierto que dará en Tame, donde con Fonseca cantará una composición suya y del cubano José Luis Piloto, en la que este ingeniero de sonido graduado en Ohio, incansable lector de literatura, dice que en este país en el que cada día nos levantamos con malas noticias, “menos mal hay poesía”.

¡Y menos mal hay música! Por eso, para mirar hacia un lado distinto de la reelección y de las malas noticias, hablemos más bien de Andrés Cepeda, ese hijo de un arquitecto que tocaba chelo y cantaba boleros y de una tiplista que cantaba también (“la pasaban tan rico cantando”, recuerda él), y que optó por la música cuando se dio cuenta de que si lo oían cantar, las mujeres caían rendidas más fácilmente ante sus encantos.

—Esto es lo mío: con la música conquisto y me estructuro como persona —pensó Andrés Cepeda.

Entonces empezó su carrera artística. Y creó el grupo Poligamia con Juan Gabriel Turbay, Cesar López, Freddy Camelo y Gustavo Gordillo. Y ganaron premios. Y firmaron contrato con Sony. Y, como les ocurrió a los Beatles y les pasa a tantos conjuntos exitosos, rápidamente se separaron y cada cual cogió por su lado.

Entonces Andrés se inició como solista. Y se adentró en ese difícil mundo de la música, en el que sólo sobresale la ínfima minoría, y en el que las puertas de la fama se abren de milagro, especialmente a los jóvenes, a quienes ahora les queda casi imposible abrirse camino pues el disco está en decadencia, ya que la gente consigue las canciones gratis en internet, y el éxito de los muchachos depende de la voluntad de quienes manejan las emisoras.

—Por fortuna la Radiodifusora Nacional tiene un programa donde se escuchan las nuevas propuestas de la gente que no se oye en la Mega —comenta Andrés, quien se mimetiza de los transeúntes gracias al pañuelo rojo, rabo de gallo, que se amarra en la cabeza, y a su aire de sencillez y de frescura.

—El estrellato no es conmigo —dice, mientras ve que una muchacha lo mira con insistencia—. Yo he tenido momentos malos y momentos buenos. Pero debo reconocer que he sido un afortunado —concluye y se despide, porque debe ir a darles un concierto a diez mil maestros de Bogotá, y a encontrarse con su novia, Ana María, música también, la encargada, por esa razón, de la difícil tarea de criticarle sus errores y de alabarle sus aciertos, como lo es este disco, en el que se incluyen dos boleros y una balada que hacen poner la piel de gallina: Enfermedad de ti, del cubano Amaury Gutiérrez; Se te nota, del venezolano Yasmil Marrufo; y Faltarán, del colombiano Juan Gabriel Turbay, una linda canción que, cuando la escuchen por primera vez, lo más probable, queridos lectores, es que los haga llorar.

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Nota: por vacaciones de la autora, esta columna dejará de salir durante las próximas dos semanas.

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