Por: Santiago Montenegro

Un premio merecido

QUÉ GRAN ACIERTO FUE HABER OTORGADO el premio Medalla Juan Luis Londoño de la Cuesta al profesor de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, Daniel Mejía.

Creado para honrar la memoria del ministro de Salud trágicamente fallecido en 2003, el premio se otorga cada dos años “al colombiano de 40 años o menos que merezca un reconocimiento por el impacto sobre el bienestar de los colombianos de sus aportes en investigación, diseño o implementación de políticas públicas”.

Las razones que adujo el jurado para otorgar el premio enfatizan sus investigaciones sobre la criminalidad y sobre el impacto y los costos de las políticas que buscan reducir la oferta de drogas, como las fumigaciones y las políticas represivas. Los trabajos del profesor Mejía concluyen que las políticas de reducción de la oferta de cocaína mediante el ataque a los cultivos ilícitos son inefectivas y muy costosas. Uno de ellos concluye que las fumigaciones con glifosato aumentan las enfermedades dermatológicas y los abortos en las familias campesinas afectadas. Entre tanto, otros trabajos de Mejía argumentan que la detección y destrucción de laboratorios y las políticas de interdicción de grandes cargamentos de cocaína son más efectivas y menos costosas, y que, desde 2007, han tenido un impacto muy significativo en reducir la oferta de cocaína de Colombia.

Pero, más allá de sus aportes académicos y de investigación, Daniel Mejía ha tenido una influencia importante en la discusión y elaboración de las políticas públicas en nuestro país y también a nivel internacional. Para profundizar la discusión de la política de drogas y crimen, fue instrumental en la creación, en 2012, del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas, Cesed, de la Universidad de los Andes, consolidándose como el principal centro de investigación en los temas de políticas de drogas, seguridad y narcotráfico del país y la región. Además ha sido asesor del Gobierno Nacional en asuntos de droga y criminalidad y es también consejero académico de la Comisión Global de Política de Drogas, el grupo que integran los expresidentes Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, entre otros.

Premios como este, con jurados imparciales y de primer nivel, hacen mucha falta en nuestro país. Porque, al conmemorar la obra de Juan Luis Londoño y exaltar la carrera académica y el trabajo de investigación de Daniel Mejía, también se está estimulando y exaltando la labor de centenares de profesores universitarios y académicos que, día tras día y con un enorme esfuerzo, educan a nuestros jóvenes y avanzan la investigación en las ciencias sociales.

Infortunadamente, en nuestro país se ha menospreciado, cuando no tratado con mezquindad, la labor de nuestros académicos. Qué diferencia con Estados Unidos, los países europeos o incluso algunos del continente, como Chile, en donde los académicos son invitados a acompañar a los jefes de Estado en sus viajes internacionales, a exponer en comisiones de los parlamentos o a discutir en programas de opinión en los canales nacionales de la televisión.

En el nuestro, por el contrario, muchos titulares de los medios de comunicación se los llevan los advenedizos con influencias, los escandalosos, cuando no muchos delincuentes. Pero la labor inteligente, constante y callada de académicos como Daniel Mejía nos da una luz de esperanza en un mejor futuro para nuestro país.

 

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