Por: Lorenzo Madrigal

Un primer vistazo a la JEP

No convino a la Jurisdicción Especial de Paz la comparación de fallos penales que se derivó de la liberación del terrorista de El Nogal, cobijado por la justicia especial y la negativa de libertad, ni siquiera condicional, para el exministro de Uribe, doctor Diego Palacio, con origen ambos casos en un mismo juzgado de penas.

El gran meollo, corazón del proceso de paz, fue y seguirá siendo la JEP, que es un quiebre de la sustancia y del procedimiento penal colombiano, tan estudiado, analizado y reformado por años de respetable vigencia.

Está claro que la nueva modalidad de justicia (si así puede llamarse, en aras de una paz injusta, pero paz) está hecha para absolver delitos de la insurgencia y aún no se sabe si valga para otra clase de ilícitos, por cierto demasiado comunes como el de negociar las leyes de la República por medio de gajes y prebendas, lo que hoy llaman benévolamente mermelada, como quien dice, simple corruptela.

No es clara la relación entre la reelección de Uribe, que no se consiguió limpiamente y de la que, por cierto, se sirve el actual presidente, y la rebelión sangrienta acompañada de terrorismo de los grupos que están en vías de amnistía. Y de extinción.

Políticos que negocian con la opinión libre de los demás o compran votos de particulares, prácticas sucias del quehacer público, parecerían no merecer la absolución total de la que comienzan a gozar quienes mancharon las manos con la sangre de sus hermanos, sometiéndolos a secuestro o a campos de concentración.

La amnistía o el indulto por el solo delito de rebelión y anexos y aun la rebaja por atrocidades bien pueden darse, impuestos por la necesaria pacificación, pero si se acompaña de beneficios similares para quienes desde las rejas ven desfilar la cohorte de delincuentes impunes, que por el hecho de enfrentarse al Estado le otorgaron una mejor categoría a su crimen.

No sólo es dispar lo acontecido con el guerrillero que voló El Nogal y el caso del exministro que incurrió en un nuevo tipo penal que podría llamarse de reelección forzada, sino que sorprende la resistencia para que la visita del Santo Padre Francisco apareje el tradicional jubileo reductor de penas de prisión para sentenciados e internos. Con lo que no parece transigir una Nación por otro lado benevolente.

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En un juego de imposibles, imagino cómo fuera si la Corte Constitucional devolviera la norma que permitió la reelección inmediata, en mala hora conseguida, y le aplicara a esta inexequibilidad tardía un tal efecto retroactivo, que acelerara el paso a la condición de expresidente del actual mandatario. El Nobel se pasearía entonces por el viejo mundo como el rey Farouk, dejando acá la estela de una guerra inacabada.

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