Por: Fernando Ruiz Gómez*

Un problema de salud pública

Un paso muy importante ha dado la Corte Constitucional al tutelar el tratamiento integral de las personas con desórdenes alimentarios que incluyen la bulimia y la anorexia. La Corte considera que la atención a través del POS incluya todos los elementos de tratamiento integral de dichas enfermedades.

Este tipo de sentencia podría tener detractores en tanto que se tiende a considerar que los trastornos alimentarios tienen un alto componente de autodeterminación, por ejemplo entre quienes descuidan su dieta y caen en la obesidad. Sin embargo, este concepto ha ido evolucionando y problemas alimentarios como la obesidad son considerados como las “nuevas epidemias” que afectan a la población y que realmente deben considerarse entre las enfermedades crónicas emergentes de la sociedad moderna. Países desarrollados, como Estados Unidos, o en desarrollo, como México, tienen problemas muy graves de salud tanto por la incidencia de obesidad, como por sus efectos en mayores tasas de mortalidad por diabetes y enfermedades cardiovasculares.

La bulimia y la anorexia son socialmente menos notorias, pero no menos relevantes. Parte del problema es la dificultad de su identificación inicial por las personas que las padecen y sus familias, que tienden a negar y a “manejar” aisladamente estas condiciones, tanto por prejuicio como por temor al juicio social. Pero estos trastornos alimentarios tienen las tasas mayores de mortalidad entre todas las condiciones de origen mental. Un problema es la dificultad para estimar su prevalencia. En Canadá se calcula que 1,5% de las mujeres sufre algún grado de anorexia. En Colombia no hay estudios de prevalencia, pero se podría hablar de un rango entre 500 y 30.000 personas que sufren de trastornos alimenticios, esto sin contar la obesidad mórbida que según la Encuesta Nacional de Salud afecta el 13,8% de la población entre 13 y 69 años.

Es importante aprovechar la notoriedad del fallo de la Corte Constitucional. Parece necesario abordar los trastornos alimenticios como un problema de salud cuyas implicaciones pueden ser graves, en una población que ha mejorado sustancialmente sus ingresos durante los últimos años y en la que los jóvenes están más expuestos a percepciones negativas sobre la salud corporal. A los propios medios de comunicación les corresponde también la responsabilidad de propiciar estereotipos que favorezca visiones saludables sobre las puramente estéticas, cuyos efectos son devastadores para quienes terminan padeciendo dichas enfermedades.

*Director Cendex, Universidad Javeriana

 

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