Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Un problema de voltaje

Hace dos días, a las cinco de la mañana, un aire acondicionado hizo corto circuito en la calle 17 con 25 de Barranquilla.

El corto fue incendio y murió Edwin Contreras, de 25  años, quien trabajaba como ayudante en una carnicería. En la casa, del barrio Rebolo, se encontraban la esposa de Contreras y sus dos hijos, que alcanzaron a escapar ayudados por los vecinos.
 
Hace dos días, a las cinco de la mañana otro aire acondicionado hizo otro corto (e incendio) en la calle 36B con 8E de Barranquilla. En el incendio quedó atrapado un niño de seis meses que dormía en una cuna al lado de sus padres. Dairo Yépez, papá del niño, intentó salvarlo y sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en ambas manos. El niño murió en el hospital universitario Adelita de Char, en el barrio San José.
 
Adelita de Char fue la esposa del senador Fuad Char, una mujer reconocida por sus actividades caritativas. Su familia, compuesta por los hijos Antonio, Arturo y Alejandro, es una de las más poderosas de la región. Son dueños de supermercados, emisoras, restaurantes, polleras, arroceras, empresas de publicidad, de vigilancia, inmobiliarias, constructoras, financieras. Son también fuertes en política electoral. Todos han sido  senadores, Alejandro fue alcalde (su mano derecha es la alcaldesa actual) y son grandes aliados de la casa Vargas Lleras.
 
Si hubiera querido, la fuerza Char en su binomio con Vargas Lleras e inversiones a tutiplén, hubiera impulsado la intervención a Electricaribe hace décadas. Pero no lo hizo y no fue sino hasta este año que un Alejandro Char, en campaña  a la alcaldía de Barranquilla, se pronunció fuertemente en contra de la empresa. “No basta con inversión en infraestructura a Electricaribe se la debe reestructurar”, opinó determinado. Justo ahora todos los políticos relevantes en la región (incluso sus contradictores) denuncian al operador.
 
“#NoMásElectricaribe” grita la clase dirigente y/o empresarial del norte y se acusa a la empresa de ser “palo en la rueda” del turismo, la industria y la actividad inmobiliaria. La coyuntura es incluso un tanto parecida a la que antecedió la llegada de Electricaribe (sin el factor Cura Hoyos). En ese entonces se tomaron medidas rápidas e industriales y empresarios, clases medias y altas estuvieron tranquilos por años. Mientras tanto la situación en las afueras y los barrios de ingresos bajos empeoró cada día. Se extendieron redes pero con costos humanos y económicos grandes. También se les criminalizó.
 
Es posible que en los próximos meses Electricaribe se reestructure, que se le inyecte capital barranquillero o bogotano. Pero la pepa de la historia no es Electricaribe, no “los españoles”. Sino la clase dirigente que ha trabajado con ellos por periodos largos de supuesta prosperidad para las capitales caribes. Que permite cotidianamente que el operador le diga a familias  como la Contreras y los Yepes que, aunque viven en la misma localidad y todos los vecinos dijeron haber sentido los “bajonazos” de voltaje, se trata de “casos aislados” que la red externa está “en condiciones excelentes” y sus muertes son culpa de ellos mismos.

 

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