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Un sistema pensional, para mi prima

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No es la primera vez que mi prima Isabel y yo criticamos nuestro inequitativo sistema pensional. En su momento dijimos que es inaudito que el sistema público beneficie con subsidios a los más ricos y por eso propusimos una reforma que los eliminara. Lastimosamente, suprimir los subsidios no soluciona todo, pues para tener un sistema sostenible hay que hacer una reforma estructural.

Le dije: “Mira, Isabel, los sistemas pensionales deben basarse en el ahorro. La lógica de un sistema sostenible es que todos ahorramos y contribuimos a un fondo mientras podemos trabajar, invertimos ese dinero, este se multiplica y lo utilizamos para vivir en nuestra vejez. A esto le llamamos un sistema de ahorro individual”.

Seguí: “Pero también existe otro sistema, que consiste en que la persona no ahorra, pero acude a sus hijos para que la sostengan. En el futuro, los hijos piden lo mismo a los nietos y así sucesivamente. Esto sería el equivalente a lo que hace el Estado colombiano, que tiene un sistema de reparto entre generaciones”.

¡Excelente! —me dijo—. Si así la gente se pensiona…

—No es así, querida Isabel. El día que trabajes, el Estado te quitará una platica cada mes y se la gastará inmediatamente para pagarle la pensión a otra persona. No hay ahorro, no hay inversión y no hay sostenibilidad”.

—Pero igual funciona, ¿no?

—No exactamente. Ese sistema de pagarse pensiones entre generaciones se vuelve cada vez será peor. Si un padre tiene 20 hijos y cada uno saca el 5% de su sueldo para la pensión del papá, este tendrá una buena pensión y sus hijos una carga razonable. Este sistema se sostendría si todo el mundo tuviera siempre 20 hijos. El problema es que cada vez la gente vive más tiempo y tiene muchos menos hijos.

—Si viven más —me dijo—, es otra buena noticia. Aunque cuestan más plata, ¿no?

—No sólo hay que pagar más, sino que ahora son menos personas las que comparten esa carga. Es algo como que antes eran 20 hijos sosteniendo un padre, y en unos años serán dos hijos sosteniendo a dos padres, tres abuelos y una bisabuela.

—Sería difícil, pero ¿qué más se puede hacer? —me dijo, dudosa.

—Prima, si seguimos con el sistema de Colpensiones, se deben bajar las pensiones y aumentar los impuestos, pero si seguimos teniendo menos hijos y viviendo más, tendremos siempre el mismo problema.

—¡No, primo! El sistema de reparto es una simple gran estafa.

Isabel lo entendió todo. Supo que este sistema debe cambiar para que cada persona tenga un ahorro, este se invierta y sea proporcional a lo que la persona necesita y quiere para su vejez. El sistema de reparto que tenemos es simplemente insostenible con una población que se está envejeciendo.

A quienes prefieren indignarse que entender, la idea de ahorrar, invertir y tener retornos podrá darles el sentimiento de que “los banqueros”, “los ricos” o “las administradoras de fondos de pensiones” se están llenando de dinero a punta de las pensiones del pueblo, cuando en realidad los más beneficiados son los ciudadanos.

Es rentable políticamente culpar a otros de todos los males, pero la demagogia no les mejorará la vida a los viejitos más pobres, una buena reforma pensional sí puede hacerlo.

@tinojaramillo

martin.jaramillo@email.shc.edu

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