Por: Columna del lector

Un testigo en Netflix: cómo se cuenta la violencia

Por Edoardo Iacolucci

Tanto las obras de Jesús Abad Colorado, como los conflictos armados en Colombia desde finales de los 90, no eran muy conocidos en Europa. La opinión pública en este período histórico estaba concentrada en la guerra civil en Afganistán de 1992 a 1996 y posteriormente de 2003 a 2011 en la guerra de Irak.

El interés en temas colombianos es más reciente y en nuestro continente ha ocurrido en los últimos años, de una manera bastante pop: gracias a Netflix y la serie Narcos. Pero como en todos los mejores mercados, tienes que recorrer todo el camino para encontrar las mejores cosas. Y después de buscar, en Netflix se encuentra el documental El Testigo. A diferencia de Narcos, que cuenta la historia de la violencia en manera hollywodense, El Testigo es la mejor y ciertamente la única manera para contar la violencia.

El documental se centra en la figura del fotógrafo Jesús Abado Colorado, uno de los pocos testigos de los horrores de la guerra armada que se desarrolló como una obra de teatro en los paraísos terrenales de la mágica naturaleza colombiana.

El Testigo es el nombre de la misma muestra fotográfica del documental en el Claustro de San Agustín de Bogotá, que cubre más de 500 fotografías, en blanco y negro y en color, muchas de las cuales son inéditas. Tomadas entre 1992 y 2018, fotografió historias y eventos de conflicto armado, desplazamiento y reconstrucción del tejido social en diferentes regiones del país.

Como en un teatro, aquí la tragedia finalmente está representada. Por medio de la piedad y el miedo, el espectáculo trágico termina con la purificación de las pasiones más bajas y crueles.

En la tragedia, la catástrofe que produce —afirma el filósofo francés Jean-Pierre Vernant—, “el sufrido da un aspecto no despreciable o malo, aparece de todo lo probable o necesario”. Lo que el espectador ha visto, todo lo que siente lástima y terror, tiene la sensación de que lo que le sucedió a ese individuo podría sucederle a él mismo y del Claustro de San Agustín sí se sale cambiado.

La estetización de la violencia que genera la imitación y los instintos vengativos, sin duda presenta peligros, porque la fotografía, así como el cine y la televisión, son artes visuales. Pero en estas obras se acompaña del elemento catártico.

Y no por casualidad. La fotografía emblemática de esta elección filosófica, artística y comunicativa es la de “Cristo Mutilado”, en la que Colorado descarta las fotos más sangrientas, con restos humanos de mujeres, niños, desamparados y desinteresados por la furia homicida de un dispositivo sin rostro, que simplemente podría instigar el odio. Él mismo lo explica muy claramente en su documental. Luego elige una fotografía alegórica, que no quita nada de la violencia sufrida, de la inocencia de las víctimas, pero que también simboliza las pietas humanas que triunfan sobre el sentimiento de venganza sangrienta.

Una operación muy difícil, porque la sensación de venganza es comprensible, humana, pero sigue siendo un callejón sin salida. Cualquier persona como Colorado que haya experimentado violencia desde que era niño, obligado a huir de su hogar, sabe que contarlo es un campo minado donde no se puede jugar.

Jesús A. Colorado ve la no violencia y la paz como los únicos caminos viables para un futuro menos oscuro. La integridad de poner este conocimiento en acción con su trabajo, hace del mundo un lugar mejor y él es un verdadero artista, así como un verdadero periodista.

Se hace testigo de los tiempos, no se pone en primer plano, sino que sugiere la lente con la que debemos ver el mundo.

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2019-10-14T00:00:18-05:00

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2019-10-15T16:41:21-05:00

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