Por: Aura Lucía Mera

Un valle de lágrimas

LA VERDAD ES QUE LOS RESULTAdos electorales del Valle del Cauca no son nada tranquilizadores.

Se podrían catalogar como la crónica de una muerte anunciada, en la que todos sabíamos lo que iba a ocurrir y ninguna fuerza pudo detener. Para nadie es desconocido, en medios nacionales, que se hicieron denuncias, se advirtió, se alertó, pero que a la hora de la verdad ninguna de las autoridades competentes del Estado hicieron nada al respecto. Optaron por el “laissez faire, laissez passer”, pasando de agache, tal vez con la aquiescencia de las más altas esferas del Gobierno Central.

No tiene sentido que candidatos como el señor Rizetto, el hermano del actual alcalde de Cali, desconocidos absolutos en el mundo de la política, empresarial o intelectual, quienes jamás presentaron una propuesta, ni planeamiento, ni hoja de vida merecedora de ocupar alguna curul, hubieran tenido  unas de las más altas votaciones del país, muy por encima a la de políticos de larga trayectoria.

En el Valle del Cauca la política dejó desde hace varios años de ser un ejercicio intelectual para convertirse en un negocio, financiado por fuentes de dudosa procedencia, cuando no de los recursos mismos del Estado, departamento o municipio. Parece que este departamento, al cual pertenezco por nacimiento y afecto, estuviera condenado ya a no salir jamás de la cultura del dinero fácil del narcotráfico y otras actividades non sanctas.

Se respira la impotencia de estar maniatados de nuevo, por cuatro años, a estas cadenas, que nos llevarán aun más al fondo del abismo en el que caímos hace más de una década y que cada vez se torna más negro y sin fondo. Pero reconozco también que todos los vallecaucanos, sin excepción, somos responsables de esta catástrofe electoral, grotesca y aterradora. Unos por indiferencia, otros por preferir abstenerse, otros por miedo y los demás por vender su voto al mejor postor. Como en el poema de De Greiff: “La vida vale nada y el resto vale menos”.

Doloroso también mirar los resultados electorales a nivel nacional, y ver que partidos que en un momento fueron bastiones fuertes se redujeron a su mínima expresión. Me refiero a Cambio Radical y al Polo Democrático. Fajardo no levantó cabeza. Su indecisión lo llevó al fracaso total. Duele ver surgir como un monstruo de mil cabezas al PIN, un aborto provocado y gestado desde las mismísimas entrañas del uribismo. Ver la incompetencia de la Registraduría, la Procuraduría y otras ías que pasan de agache sin que nadie reaccione.

Al mandar esta nota no se sabía el resultado de la Consulta Conservadora. Que Dios nos coja confesados. Todo huele a podrido. Todo huele a falta de transparencia y a maturrangas de alto origen. Ojalá gane la contienda Noemí o nos acabó de llevar el diablo. Felicitaciones a Antanas Mockus. No todo está perdido. Esperemos, en un futuro cercano, lo mejor.

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