Por: Beatriz Miranda

Un verdadero transatlántico

Hace algunos días las redes sociales convocaron a unirnos todos en el Día de Acción de Gracias en contra de los tratados de libre comercio y de inversiones, con el objetivo de detener el avance de esa estrategia y promover una economía benéfica “para las personas y el medio ambiente”.

En junio de 2013 empezaron las negociaciones no difundidas del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP), entre EE.UU. y la Unión Europea, lo que desató protestas en 45 países europeos. Pareciera ser que la Europa en recuperación también se rendirá, como algunos países latinoamericanos, a la propuesta tentadora de un TLC con EE.UU., aunque sepan que impondrán cambios en las legislaciones nacionales que a la larga atentarán contra el derecho de la mayoría de los ciudadanos: seguridad alimentaria, salud, flexibilización laboral, medio ambiente y una mayor hegemonía de la industria farmacéutica, derivada de regímenes jurídicos de propiedad industrial de carácter monopólico.

En el juego está la posibilidad de continuar con los “éxitos” de multinacionales y lobistas, en detrimento de las sociedades nacionales. Sería el mayor acuerdo supranacional firmado por la superpotencia, la zona de libre comercio representaría la mitad del PIB mundial y un mercado potencial de 800 millones de personas.

¿Consecuencias? Eliminación de barreras fitosanitarias, lo que facilitaría el esparcimiento de productos químicos, letales a mediano y corto plazo, producidos por Monsanto. Industrias contaminantes como las de la región fronteriza México-EE.UU. abundarían, así como el dumping laboral y una agricultura mundial dominada por los transgénicos, a pesar de las reiteradas afirmaciones de la Unión Europea de que los transgénicos no entrarían en la agenda de negociaciones del TLC.

No obstante, la nueva propuesta de reglamentación sobre importación de organismos genéticamente modificados de la Comisión Europea podría indicar que la Unión está dispuesta a tomar la ruta irreversible de los TLC.

En América Latina, los transgénicos presuponen “una combinación letal”, que cada vez impacta más la salud de sus habitantes, redistribuye la tierra entre los más ricos y poderosos y reconcentra la riqueza. El TTIP es un verdadero transatlántico que, negociado a puertas cerradas, puede, contrariamente a su nombre, demostrar que el libre comercio nunca existió ni existirá. Lo que hay son intereses corporativos defendidos por el Estado en favor de una minoría.

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