Por: Columnista invitado

Un viaje de tres

Tres obras de Andrés Gómez-Ríos dieron la vuelta por Canadá y ya están próximas a volver a casa. Gómez-Ríos es un colombiano que se dedica al grabado y que logró que tres de sus piezas clasificaran para entrar a la Bimpe, las siglas en inglés para la Exhibición Bienal de Grabado en Miniatura. Esta es una muestra de obras en pequeña escala que está abierta a imágenes de no más de 15 por 35 centímetros, en cualquier técnica de impresión: desde las más tradicionales hasta los procesos digitales más recientes.

Andrés Gómez-Ríos entró, lo que seguramente no fue tarea sencilla. Bimpe es una muestra internacional y, aunque está organizada por una sociedad que busca exaltar este tipo de arte a nivel mundial (SCWOP, Sociedad para Obras Contemporáneas en Papel), fueron muchas las personas contra las que tuvo que competir. Los jurados eran tres. Era necesario convencerlos a ellos primero antes de poder ver las obras colgadas en una pared.

Luego de que esa etapa estuvo superada, las piezas comenzaron su travesía. Viajaron por Vancouver, por Edmonton y por Kelowna y se quedaron un tiempo en cada lugar. En Kelowna se expusieron en la Universidad de British Columbia; en las otras dos ciudades se mostraron en diferentes talleres de impresión. Todo el que quisiera pasar a ver era bienvenido: había tres piezas de un colombiano muy lejos de su casa.

Las tres obras son una serie que exalta lo simbólico que hay en el cuerpo, los sentidos, las percepciones, los fantasmas, el deseo y la memoria, y son fruto de una observación cuidadosa del cuadro de Picasso Las señoritas de Aviñón (1907). El artista estudió la obra, tomó a los personajes por separado y les dio un significado. Eso fue lo que intentó retratar en sus grabados. El primero, un hombre negro desnudo en medio de un halo, representa el catolicismo como una religión que busca corregir e instruir a sus devotos. En el segundo, con la imagen de una máscara africana, se quiere llegar a la seducción, a lo erótico. Todo asociado al dolor y a la muerte. Y el último, una figura con una máscara negra, hace alusión a la descendencia africana y al sufrimiento de una población subyugada.

Eso era lo que quería mostrar el artista. Si lo logró o no es un cuestionamiento que llevaría a muchas discusiones intelectuales. Lo que sí logró, sin embargo, es haber sido aceptado en una exhibición internacional y haber llegado a Canadá con su obra. Ese es el mérito.

 

*Adriana Marín Urrego

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