Por: Michelle Arévalo Zuleta
La Michelada

Un viaje a Milán sin salir de Bogotá

Ahí estábamos, mirándonos fijamente. Fue un contacto visual inimterrumpido por casi 20 segundos antes de que mi mamá tomara mi mano y me alejara de ellos. Me había enamorado de los dos y no podía llevarme solo uno. Pasaron días antes de tenerlos en mis pies y, cuando los tuve y vi que alguien más vestía los mismos zapatos de charol que se habían robado mi corazón y mis pies talla 22 en ese entonces, ya no los quise más.

No es difícil adivinar qué tienen en común los antiguos egipcios y los millennials más modernos, pues ninguno se escapa de la moda, ni antes y ahora mucho menos.

Durante mucho tiempo, las marcas de lujo en Colombia eran solo eso: un lujo no contemplado para muchos. Hoy gracias a la democratización de la moda y la globalización impulsada por la tecnología y las redes sociales, todos sabemos lo que está en tendencia en tiempo real alrededor del mundo, lo que ha llevado también a que las marcas consideradas luxury se preocupen por tener en sus vitrinas lo que está en ciudades como París y Milán.  

Hace poco aterrice en la tienda de Emporio Armani (Av calle 82 # 11-50), una marca de lujo que siempre se ha distinguido por su estilo clásico y elegante. Para satisfacer las necesidades del mercado, esta marca ha venido reinventándose sin perder su esencia. Hoy han abierto un abanico de posibilidades para complacer a todas las edades.

Lo que me trajo a esta tienda fue descubrir un poco los secretos detrás de una marca de lujo que, a pesar de los años y de la democratización de la moda, sigue vigente y está más fuerte que nunca. Recientemente fue noticia por ser la primera marca de lujo en traer al país toda la colección vigente en las vitrinas de las capitales del mundo.

Al recorrer la tienda y mirar en primera fila la colección otoño/invierno 2019-2020, pude tocar, oler, y apreciar una lista de cosas que, gracias a la realidad de la sociedad y al cambio de necesidades del consumidor actual, muwaran cómo la marca se ha reinventado para seguir vigente a través del tiempo.

Como si estuviera dentro de una tienda en Milán, me senté a tomar café y conversar con las anfitrionas de la tienda, que no superan los 30 años de edad. Para mí era importante poder sacar los trapitos al sol y ver que había detrás de esta nueva apuesta.

Me encontré gratamente con una preocupación actual, que sin duda se siente como piedra en el zapato para muchas marcas de lujo a nivel mundial.

Emporio Armani se ha venido esforzando para que las personas sientan que pueden vestir sus prendas, han modificado su línea para acomodarse al día a día de las personas y no solo para una ocasión especial, todo esto pensando de manera responsable con el medio ambiente y con la sociedad que busca que una industria tan influyente como esta dé ejemplo de inclusión y manifiesten la importancia de la diversidad de géneros y tallas a través de sus colecciones.

Personalmente, siempre vi muy lejos de nuestro país las colecciones de marca de lujo en tiempo real, pues todo tardaba eternidades en llegar aquí y cumplir su tiempo de moda. Sin embargo, marcas como esta han hecho que estos pensamientos, sean sólo una errónea percepción de la realidad actual.

Los cambios de las marcas de lujo y en este caso de Emporio, son debido a las exigencias de los millennials y estas mujeres y hombres que claramente son diferentes a los de los años 90, estas son personas que hacen parte de un consumidor al cual no se le puede mentir en cuanto a últimas colecciones, lo que evidencia la responsabilidad de las compradoras de la marca, pues ellas deciden lo que vamos a ver en sus almacenes y esta decisión puede ser un éxito o un desastre total.

Pude rápidamente notar, por precios, la intención de la marca de que el colombiano se sienta merecedor de tener acceso a lo último en cuanto a tendencias de moda a un costo razonable, sin tener que salir del país para conseguirlo.

Pero obtener las últimas prendas salidas de las pasarelas al almacén no es lo más importante para esta marca, pues fue de las primeras en manifestar su compromiso con el medio ambiente, y lo siguen haciendo desde sus materiales que son fibras vírgenes que no pasan por procesos contaminantes, información que pude corroborar en las etiquetas de algunas prendas. Incluso sus estampados están inspirados en la necesidad de salvar al planeta.

Otra preocupación que ha venido penetrando en el mundo de la moda es el tema de la inclusión y las llamadas “tallas reales”, lo que para esta marca de lujo no es algo nuevo, pues sus pasarelas han sido de las primeras que exigieron que sus modelos representaran a la mujer real de tallas y de aspectos diversos que transmitan ese mensaje de inclusión que aplaude las diferencias.

La dinámica de compra de moda en nuestro país está cambiando y andando a un ritmo mucho más rápido que antes. El consumo de vestuario en Colombia en 2017 alcanzó los $ 13,8 billones.

Bogotá sigue siendo la ciudad con mejor comportamiento, representando el 40% del país. Un colombiano consume anualmente 23 prendas de vestir al año, somos unos de los países que más ha conseguido destacar como un epicentro de moda en América Latina, compitiendo con mercados potenciales como Brasil y México.

Lo importante es ser un consumidor consciente de lo que se compra. No podemos ocultar las discusiones alrededor de esta industria en temas de contaminación y en temas de inclusión que ya son temas comunes y de preocupación general del consumidor. Esforcémonos por conocer quién hizo la prenda, de qué material está hecha, pensemos en cómo contribuimos a la economía propia y sobre todo seamos responsables de cada prenda que llevamos a nuestro armario y cómo ésta no solo es una gran expresión de nuestra personalidad e individualidad, sino de todas las personas que trabajan detrás de la creación y comercialización de esa prenda sea de lujo o no.

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Un viaje a Milán sin salir de Bogotá

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