Por: Héctor Abad Faciolince

Un viejo, un negro y una mujer

MÁS AÚN: UN VIEJO CON CÁNCER, UN negro langaruto y una mujer cornuda.

Algunos dirán que los viejos están mandados a recoger; que las mujeres son menos inteligentes que los hombres y que los negros son más brutos que los blancos. Contra estos prejuicios parece estar diseñada la actual campaña presidencial estadounidense, que en este sentido representa el apogeo de lo políticamente correcto. Para compensar estos antiguos prejuicios, los bienpensantes se van al otro extremo y nos hacen creer que los viejos son sabios, los negros buenos y las mujeres santas.

Contra estos antiguos prejuicios los gringos le quieren dar al mundo entero una lección de tolerancia: miren lo cultos y abiertos que ahora somos: les ofrecemos, para que escojan, un viejo con cáncer (un melanoma curado), para colmo nacido en Panamá; un negro cuyo segundo nombre es Hussein, de padre africano y musulmán, cuyo apellido rima con Osama, y una mujer que no cambió su reino por una mamada (del marido). Sólo nos falta, para completar el cuarteto, que el viejo escoja como fórmula a un hijo de Auschwitz o a un hijo de chicanos, pero esto no pasará.

Mirado más de cerca, el negro larguirucho no es del todo negro, sino blanco a medias. La mujer sí es mujer, pero siempre ha llevado los pantalones, y el viejo tiene esa vejez juvenil y atlética de algunos norteamericanos, que envejecen despacio y que hacen que hoy Bush padre y Bush hijo parezcan de la misma edad, aunque un poco menos reblandecido el padre. Los ingredientes están servidos para la campaña más mediática de la historia americana: la seguiremos con el suspenso con que se siguen una telenovela, un reality show, un thriller de Hollywood, los últimos diez minutos de una final de fútbol.

Al negro lo buscan para matarlo los blancos del Ku-Klux-Klan; la mujer pasará a la historia tratando de sacarse un clavo de 18 centímetros de largo y el héroe de guerra intentará convencer a un electorado harto de las burradas de Bush, que él no pertenece a la misma secta fanática nefasta que gobierna hace ocho años la Casa Blanca, con mucho celo religioso, pero con los peores resultados de la historia de Estados Unidos.

Todos, de cualquier edad, color y sexo, podemos ser muy brutos o muy inteligentes. Aunque la ciencia demostrara (y no lo ha demostrado) que en promedio las mujeres son más inteligentes que los hombres, la persona más inteligente del mundo podría ser un varón. Se sabe que en promedio los machos son más altos que las hembras, pero eso no impide que la persona más alta del mundo pueda ser una mujer.

Hay ejemplos para todo. Una mujer genial: Rita Levi Montalcini; un viejo que tenía mucho de zorro y muy poco de sabio: Tirofijo, y una negra bruta, la que acaba de decir que ojalá Colombia tuviera muchos otros Tirofijos. No, no basta ser mujer para ser buena, ni viejo para ser sabio, ni negro para ser bruto. Cualquiera tendrá que demostrar lo que es. Pero tampoco todo da igual en la política norteamericana, como sostenía (antes de Bush) cierta izquierda recalcitrante, de acá, de allá y del mundo entero.

Entre Bill Clinton y George W. Bush hay un abismo, aunque ambos hayan sido wasps (protestantes, blancos y anglosajones) y presidentes del mismo Imperio. El mundo estaba mucho mejor con Clinton que con este bárbaro. Y con cualquiera que gane: el viejo, el negro o la mujer, Estados Unidos, seguro, estará mucho mejor gobernado de lo que ha estado en los últimos ocho años. Por mí, ojalá gane el negro, pero con cualquiera de ellos el mundo estará mejor.

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