Por: Columnista invitado

Una alternativa a la Ley Naranja

Por: Juan Carlos Gaitán Villegas* 

A pesar de las mediciones hechas por la Cuenta Satélite de Cultura, creada hace más de ocho años por el DANE y el Ministerio de Cultura, y cuya función es medir el potencial económico de las industrias creativas en Colombia, hoy por hoy seguimos diciendo que el aporte de la creatividad al PIB nacional es del 3,3 por ciento. ¿Por qué el porcentaje no ha variado? ¿Será posible que algunos sectores clave en la cultura se hayan quedado por fuera de esa medición? o ¿Existen ciudades, aparte de Bogotá, aportándole a la cultura y no lo sabemos?

Algunos creemos que sí y por esto hemos seguido de cerca un nuevo proyecto de ley, surgido a finales de 2016 en la Cámara de Representantes, que plantea una descentralización de la creatividad y busca tener en cuenta el trabajo de cientos de profesionales, creativos y artistas que laboran en este sector desde las ciudades intermedias de Colombia. Se trata del Proyecto de Ley No. 208 de 2016 o de ‘Estímulo a la Creatividad en Colombia’, desarrollado por Creatividad para Colombia y que –además– tiene como objetivo estimular la creatividad y adoptar los lineamientos para el desarrollo de un sistema de bioriginalidad nacional.

Pero ¿a qué se refiere con bioriginalidad nacional y qué tiene que ver esto con la descentralización de las industrias creativas? Pues bueno, el proyecto se enfoca en dos elementos propios de nuestro territorio que pueden enriquecer la producción de bienes y servicios creativos. Dichos elementos son la biodiversidad y la ancestralidad que, en conjunto, forman el concepto de bioriginalidad. De acuerdo con sus proponentes, un sistema de bioriginalidad nacional le daría valor agregado a los bienes y servicios creativos locales, no sólo en las principales ciudades del país, sino también en ciudades como Ibagué, Armenia o Bucaramanga que cuentan con una oferta académica capaz de formar profesionales idóneos para la consolidación –a largo plazo– de una industria creativa en las regiones.

Sí, hay quienes dirían que no en todas las ciudades pequeñas de Colombia se encuentra esta oferta académica en las universidades, o que no todas las ciudades intermedias están interesadas en fortalecer dicho sector. ¿La razón? Existen otras actividades económicas como la agricultura y el turismo de mayor relevancia para esas regiones. No obstante, el Proyecto de Ley 208 de 2016 considera que la producción de bienes y servicios creativos bioriginales puede fortalecer dichas ‘vocaciones económicas tradicionales’, dotando de un nuevo sentido y una nueva imagen los productos y servicios que se derivan de estas actividades.

Esta, sin duda alguna, resulta ser una visión totalmente distinta a la que plantea la Ley de Economía Naranja, aprobada recientemente en el Congreso de la República; y se convierte, creo yo, en una alternativa a esta ley que en varios sectores culturales sigue produciendo una enorme desconfianza.

La Ley de Economía Naranja quiere fomentar las industrias creativas y culturales, pero como lo reconoce Luis Guillermo Plata en un artículo de El Espectador, “esta ley será de gran relevancia para el país y de particular importancia para Bogotá…”. Sobre esto, hay un tema por analizar: Como lo cita el doctor Plata, según la Cámara de Comercio de Bogotá, la ciudad reúne cerca del 92% de los servicios creativos, el 90% de las productoras audiovisuales, el 73% de las empresas de contenidos digitales, el 55% de los estudios de videojuegos, el 65% de las empresas de comunicación gráfica, el 40% de la industria de música en vivo y el 38% del mercado de moda del país.

Esto lo que demuestra es que precisamente por concentrar en Bogotá todo el hacer de la industria creativa colombiana (que en realidad es lo único que se mide), dichos sectores no están creciendo ni generando las cifras y los empleos necesarios y deseables. Por su parte, el Proyecto de Ley 208 de 2016, menciona que “se establecerá un circuito de exhibición que transfiera conocimiento de primer nivel en las ciudades intermedias del país que cuentan con una oferta académica de educación superior que pueda desarrollar una línea económica en producción de bienes y servicios creativos, para generar desarrollos originales y darle valor agregado a otras cadenas productivas que estén presentes en estas ciudades…”.

Otro aspecto: La Ley de Economía Naranja quiere marcar la Cuenta Satélite de Cultura en su afán propagandístico electoral. Muchos no estamos de acuerdo con esto y creemos que lo más apropiado sería robustecerla. En contraste, el Proyecto de Ley de Estímulo a la Creatividad en Colombia propone la ampliación de la cuenta satélite a nuevas categorías y subcategorías culturales que permitan la conformación de un sistema de cultura viva.

Para terminar, hay un término presente en la Ley de Economía Naranja que choca: el de ‘Industria Cultural o Creativa’.  En este artículo he usado dicho término porque la gente lo asocia fácilmente, pero llevo más de 14 años trabajando en este sector y hoy puedo decir con total convicción que esa terminología ya cumplió su ciclo. ¿Por qué? Porque no existen verdaderas ‘industrias culturales’ en Colombia. Existen bienes y servicios culturales y creativos, producidos por emprendedores que con enormes dificultades tratan de salir adelante con sus creaciones. Es urgente legislar a favor de los pequeños y medianos para que se estimule realmente la economía. Los industriales ya tienen su negocio armado.

*Director ejecutivo de PRANA, Incubadora de Empresas Culturales y Creativas desde 2002.

 

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