Por: Mario Fernando Prado

Una buena entre tantas malas

HOY, AL MEDIODÍA, SE INAUGURA LA Terminal de Contenedores de Buenaventura, una apuesta al futuro del llamado primer puerto de Colombia que generará más de mil empleos director y tornará mas eficaz el manipuleo de la carga con la agilidad, la eficacia y la economía consiguientes.

Más que la inversión de US$250 millones y constituirse en una sana alternativa frente a las otras opciones existentes en Buenaventura, TCBuen —que así se llama— tiene entre sus accionistas a 1.200 vecinos de la Terminal, quienes pasaron del desempleo y la miseria a ser parte de un proyecto que les cambió la vida a sus familias.

A nadie se la habría ocurrido semejante obra en los alrededores del estero del Aguacate, en donde hasta hace poco predominaba la violencia y el peligro. Pero fueron precisamente unos bonaverenses de cuna y corazón quienes se le midieron a la promoción, desarrollo y puesta en marcha del TCBuen.

Y no sólo la construcción, sino la profundización del canal de acceso, obra en la que están comprometidos el grupo español Maritim, dos bancos —el uno alemán y el otro portugués— y otras entidades financieras, amén de la CVC, la Gobernación del Valle y el municipio de Buenaventura.

El presidente Santos y algunos de sus ministros inaugurarán oficialmente la obra que ya está funcionando en sus ensayos preliminares.

Lo anterior, la buena noticia. Empero, viene ahora lo malo y que no es sólo el desempleo, la carencia de vivienda, la inseguridad, la falta de educación y servicios públicos. A lo anterior hay que sumarle algo que podría paralizar la actividad portuaria y allí sí, apagá y vámonos: la poca profundidad del canal de acceso a Buenaventura, problema que lleva décadas sin resolverse y en el que no demora en encallar un barco, lo que originaría una catástrofe económica y comercial de cualquier tamaño.

A pesar de que hay una propuesta que lleva meses para que se abra una licitación para dicho dragado, el gobierno central vacila en un Tongo le dio a Burandanga, salido de toda lógica. Y si a eso le sumamos que la construcción de la doble calzada avanza a paso de tortuga, mejor ni sigamos con el cuento...

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