Por: Cartas de los lectores

Una carta sobre el salario mínimo y otra sobre los toros

Una ñapa para los trabajadores

El aumento del salario mínimo mensual para el año 2018, como es tradicional, resultó ser una modesta propina o ñapa para los trabajadores colombianos. El aumento representa una cantidad irrisoria e insignificante que lo que provoca es risa y burla.

Los voceros del Gobierno y los gremios no aceptan que a mayor ingreso salarial, aumentará el consumo general, tal y como sucede en las economías de otros países, como Estados Unidos y naciones europeas.

Con ese reajuste, equivalente a $1.451 diarios, no se comprará ni una panela o una bolsa de leche, y mucho menos se cancelará el valor de un pasaje en el sistema del Transmilenio o en otro medio de transporte urbano en cualquier ciudad colombiana.

La mayoría de los trabajadores colombianos, con motivo del nuevo salario mínimo mensual, tendrán que afrontar en el curso del año 2018 un verdadero drama económico. Para la clase trabajadora, el aumento del salario mínimo siempre resulta demasiado ínfimo, bajo, inferior, insignificante, minúsculo. Para el año 2018, la remuneración mínima ahora será de $781.242, es decir, con base en el del año 2017, un aumento mensual de $43.525.

Ese salario mínimo mensual es apretado, pírrico y de ninguna manera se puede calificar de digno y mucho menos justo.

Jorge Giraldo Acevedo. Íquira, Huila.

Sobre una columna

Me refiero a la columna de doña Aura Lucía acerca de una corrida en Cali.

Cuando se habla del derecho de las minorías, hay que concebir el asunto en el sentido de que esa minoría no haga extensión o afecte negativamente o haya riesgo de afectar negativamente a un tercero. Es el caso de las llamadas minorías taurinas. Cada vez que se toca el tema, siento que es el toro quien debe ser concebido como minoría abusada. Los amantes de las corridas se adjudican el derecho de decir “somos una minoría que merece respeto cuando proclamamos que el toro debe ser torturado en la plaza”. Los antitaurinos también nos adjudicamos el derecho de representar al toro, pero diciendo lo contrario: “no debe ser torturado”. ¿Cuál de las dos propuestas debe ser considerada la mejor? Creo que hay mayor posibilidad de acertar si se acoge la segunda posición, la que opina que no debe ser torturado. ¿Por qué esta posición, si no le hemos preguntado al toro? Porque todo parece indicar que el toro siente dolor con la pica, las banderillas y el estoque. Pero los taurinos dirán que al toro le gusta la tortura, porque da la pelea y no se rinde ni huye. O sea, ¿los taurinos podrían decir que al toro le gusta la tortura? Yo diría que lo mejor sería aplicar aquella sencilla y sabia fórmula de que “ante la duda, me abstengo” y declarar ilegales las corridas.

Toribio Araújo Segovia. Cartagena

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