Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Una cierta paradoja

LOS RESULTADOS DE LA ENCUESTA electoral publicados ayer por este diario encierran una cierta paradoja.

Por un lado, los uribistas —que tienen ahora versiones duras y soft— siguen dominando ampliamente el panorama. Por el otro, los electores quisieran saber qué van a hacer los candidatos en términos de desempleo, de política social y de pobreza, terrenos en los que los últimos ocho años arrojan un saldo negativo, a veces simplemente pavoroso.

¿Por qué no se alinean los intereses temáticos y las preferencias electorales? No es fácil responderlo. Ciertamente, no es por falta de alternativas. La oposición tiene dos buenos candidatos, Gustavo Petro y Rafael Pardo. Petro fue un parlamentario extraordinario, es persona inteligente y seria, y ha insistido en enviar al país un mensaje que es simultáneamente de conciliación y de reforma. Pardo ha ocupado el lugar de la oposición de centro, está cada vez más articulado y ha ido superando el lastre de su supuesta falta de carisma. Ambos tienen un buen menú de propuestas. Sin embargo, aparecen bastante abajo en todos los sondeos. Hay otros dos valiosos candidatos que no se oponen a Uribe, pero que no representan la continuidad de lo que se hizo en su bienio. Mockus ha repuntado, pero, como él mismo observó inteligentemente, su vaso está “medio vacío”, pues apenas marca un 10% de las intenciones de voto. Fajardo sigue en la brega, pero parece haberse estrellado contra un techo de cristal. Si las elecciones fueran hoy, pasaríamos a una disputadísima segunda vuelta, hacia un voto-finish de los dos candidatos de la seguridad democrática —aunque la seguridad está hoy muy abajo en la agenda de los colombianos—.

De pronto la razón es que una parte sustancial del electorado sólo ve en Santos y en Noemí presidentes creíbles. En efecto, cuando se pregunta a los encuestados quién desempeñaría mejor una larga lista de diversas tareas, ellos detentan un cuasi-monopolio. ¿Será simplemente que para mucha gente no es fácil imaginar a los demás candidatos sentados en el solio de Bolívar? También puede ser que el uribismo sea mucho más que seguridad, y que haya un fuerte componente adicional que aún no se haya identificado. Por desgracia, el uribismo —ese fenómeno extraordinario, que sin duda dejará su marca— ha sido subestudiado, y apenas contamos con trabajos académicos serios para entenderlo. Así que aquí tenemos que ir un poco a tientas.

Una cosa es entender su lógica y su capacidad de formar una base social muy grande y muy estable, y otra evaluar su manera de gobernar. Estoy convencido de que la continuación del uribismo sería un desastre para este país. Ayer El Tiempo publicó la noticia de que el Incoder había regalado un pedazo de tierra a un tipo que era testaferro de Mancuso para la expoliación de los campesinos. El regalo lo recibía en calidad de víctima de la violencia. Para mí, esta broma canalla simboliza mucho de lo que ha pasado en estos años, y de lo que no debe continuar. Para poder trazar una raya, necesitamos que uno de los candidatos renovadores dé un salto cualitativo. Pero ninguno parece tener afán. Si algo tienen ellos en común con respecto de lo negativo, es que no parecen entender que estamos en un momento extraordinario.

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