Una Cumbre para escuchar

Desde su creación, el mecanismo de las Cumbres de las Américas ha sufrido altibajos. Ha creado expectativas sobre la construcción de relaciones hemisféricas más fluidas, cooperativas y consensuadas, pero también críticas por el incumplimiento y la escasa implementación de sus distintos planes de acción.  Entre las primeras cumbres de Miami y Santiago, de 1994 y 1998, la de Mar del Plata de 2005 y la de esta semana en Puerto España, ha pasado mucha agua bajo el puente.

La sensación de que se trata de un foro diplomático con mucha retórica, poca efectividad y demasiadas promesas incumplidas ha crecido entre los países, debilitando su credibilidad. El optimismo con el cual se celebraron los primeros encuentros, que fueron considerados el símbolo de una nueva era en las relaciones con Estados Unidos, se fue evaporando ante el olvido en el que cayó América Latina dentro de su política exterior y el paulatino reemplazo de estrategias multilaterales por el unilateralismo y las actitudes imperiales, en especial después del 9/11.  

El giro que dio la región hacia la izquierda y la diversificación de sus relaciones externas también ha ido alterando el balance de poder en el hemisferio. Hoy, no sólo es menos influyente Estados Unidos sino que la mayoría de los países latinoamericanos ve con ambivalencia su papel en la región.

Por lo anterior, las expectativas que rodean esta quinta Cumbre son mucho más modestas. Pero no por ello dejan de ser menos importantes. Más que el nuevo plan de acción que firmarán los 34 jefes de Estado, Puerto España brindará la oportunidad para restaurar el diálogo y la diplomacia en el hemisferio después de años de severo deterioro. Aunque Chávez intente robarse el show, presentando las contrapropuestas del Alba, entre ellas el reintegro de Cuba al seno interamericano, todos los ojos estarán puestos en Barack Obama.

Éste ya dio un primer banderazo al levantar las restricciones sobre las telecomunicaciones, así como los viajes y las remesas de los cubanos residentes en Estados Unidos a la isla. Siendo el único tema sobre el cual existe consenso latinoamericano, el mandatario estadounidense quiere evitar que la Cumbre se convierta en un foro sobre Cuba. No es secreto que su prioridad es la crisis económica. Pero no es menos cierto que aprovechará para tratar otros temas de interés común, tales como la inclusión social y la equidad, energía y medio ambiente, y la violencia asociada al narcotráfico. Las conversaciones del presidente, así como Joseph Biden y Hillary Clinton durante el último mes con los líderes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Panamá y Uruguay, sugieren que éstos podrán ser los nuevos socios con los cuales el gobierno Obama busca tender puentes para construir consensos más amplios.

A pesar de sus intentos por llamar la atención en Washington, Colombia no figura dentro de este registro. Por ello, bien haría el gobierno Uribe en oír lo que se está debatiendo en el hemisferio en lugar de buscar protagonismo. De pronto algo se aprende.

* Profesora Titular. Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes

 

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