Por: Juan Carlos Botero

Una denuncia valiente

LA NOTICIA DEVUELVE EL OPTImismo. El fiscal de la Corte Penal Internacional acaba de solicitar, formalmente, la detención del presidente de Sudán, Omar Hasan el Bashir, acusado de orquestar una campaña de genocidio en Darfur, la atormentada región del país más grande de África. Es la primera vez que en esta Corte se produce una petición semejante en contra de un gobernante en ejercicio, y las consecuencias son inmensas.

Las denuncias de Luis Moreno-Ocampo, son de una gravedad suprema. En su anuncio oficial, pronunciado en La Haya, el valeroso fiscal argentino señaló que El Bashir no había incurrido en errores tácticos desprovistos de intenciones criminales, sino que, por el contrario, había diseñado y puesto en marcha un plan macabro con un fin deliberado: el exterminio de los principales grupos étnicos no árabes del país, las tribus Fur, Masalit y Zaghawa. Su objetivo era el asesinato en masa, y para ello envió tropas del gobierno y milicianos árabes que mataron a 35.000 personas. Por supuesto, las aldeas simpatizantes con su régimen fueron excluidas del horror.

Pocas veces antes, un alto tribunal ha emitido un juicio de este calibre en contra de un gobernante activo. Basta recordar las condenas contra el serbio Slobodan Milosevic, y Charles Taylor, de Liberia, ambos presos en La Haya por crímenes atroces y genocidio. El hecho es que Moreno-Ocampo ya sometió su acusación a los tres jueces de la CPI, quienes deben confirmar o no la detención del déspota de Sudán. Es probable que lo hagan. De los once casos anteriores presentados por el fiscal, todos han sido aprobados por la Corte.

No obstante, lo más audaz de la denuncia es que el fiscal no limitó su concepto de homicidio a las muertes ocasionadas por las armas de fuego. Al comienzo, sin duda, el gobierno utilizó el bombardeo aéreo, con aviones y helicópteros enviados desde Jartum, para borrar las aldeas enemigas, y luego continuó con el exterminio en tierra con soldados que incendiaron pueblos enteros, violaron niñas y mujeres, torturaron a miles de civiles y obligaron a huir a millones de personas. Durante cinco años el dictador actuó en impunidad, ante la indiferencia del resto de África y la impavidez del resto del mundo. Sin embargo, en términos igual de contundentes, el argentino señaló que la política de exterminio se ha extendido a los campos de refugiados. Al impedir la ayuda humanitaria para crear hambrunas devastadoras, el genocidio ha sido igual de eficaz, aunque más silencioso.

En suma, lo más importante de esta acusación es el mensaje que envía: cualquier tirano, por poderoso que sea, y así haya cometido sus crímenes sin temor a la justicia, protegido por sus fuerzas de gobierno, será, tarde o temprano, acusado y condenado. Además, la temible era de las matanzas en masa, efectuadas desde el poder de un Estado soberano sobre sectores civiles, vulnerables e inermes, se ha acabado. Con una denuncia así de terminante, ahora la comunidad internacional puede aislar el país de Sudán, imponer sanciones económicas y bloquear sus exportaciones de petróleo. Las masacres en Darfur sólo se conocieron cuando la prensa mundial puso el grito en el cielo. Entre tanto, los países voltearon la mirada, como la China que mantiene relaciones comerciales con Jartum y ha aumentado su venta de armas al dictador. Ahora, en cambio, con la denuncia de Moreno-Ocampo, el gobierno que apoye este régimen será cómplice del horror. Porque nadie se mantiene en el poder sin la ayuda de sus camaradas.

 

Buscar columnista