Por: Felipe Zuleta Lleras

Una desastrosa gestión

A menos de seis meses de entregar su mandato, no puede uno menos que decir que la gestión del alcalde Gustavo Petro tiene muy pocas cosas para mostrar. Por supuesto que no haré un balance pormenorizado de las pocas que ha hecho, pues para eso no es sino seguirlo en su twitter, pues según él, los medios de comunicación se han dedicado a esconder todas las maravillas que supuestamente ha hecho.

Estos cuatro años de mandato, que por fortuna se acaban el próximo 31 de diciembre, deben, sin lugar a dudas, dejarnos varias experiencias a los que vivimos en la ciudad capital.

Tal vez la más importante de todas es la de no volver a votar, como lo hicieron cerca de 700 mil ciudadanos, por una persona que no haya tenido la suficiente experiencia gerencial para manejar una ciudad de ocho millones de habitantes y 14 billones de pesos de presupuesto. Petro demostró no solo que no tenía la experiencia administrativa, sino que además no tenía un equipo para manejarla. Con pocas excepciones, los funcionarios han sido realmente malos. Se escapan tres o cuatro, entre los que vale la pena mencionar al senador Antonio Navarro y al exsecretario de Hacienda Ricardo Bonilla. Los demás, malitos, malitos.

La otra experiencia es de no volver a votar por personas con ideología de izquierda recalcitrante, como la que padece Gustavo Petro. No hubo un solo tema de su administración a la que no le metiera mamertería, como se dice popularmente. Todo, absolutamente todo en Petro está cargado de su filosofía izquierdista de los años setenta. En virtud de esto, se dedicó a dividir a los bogotanos, a generar odio entre sus diferentes clases sociales, a priorizar casi todas las inversiones en los barrios del sur (lo que ciertamente no podría ser censurable) olvidando que Bogotá somos todos. Los ricos, los pobres, la clase media. Que odiosa manera de ver la vida en blanco y negro.

La tercera experiencia para tener en cuenta es que si los candidatos, que podríamos llamar de centro, es decir Pardo y Peñalosa, no se unen, volveremos a tener otro gobierno de izquierda como si no hubiera sido suficiente con los pésimos cuatro que nos han gobernado en los últimos 16 años. Si eso pasa, será más por culpa del obstinado y eterno candidato Enrique Peñalosa que por la del moderado Rafael Pardo.

La cuarta experiencia es que los ciudadanos deberíamos ser más vigilantes en la manera como se gastan los recursos de todos, para que los chamanes no acaben con contratos millonarios, como ocurrió recientemente en la unidad de malla vial del distrito.

Una quinta es que la honestidad por sí sola no basta. Su bien Gustavo Petro no es corrupto, ha permitido, seguramente por descuido, que algunos de sus funcionarios, hoy investigados, le metieran la mano al presupuesto de los ciudadanos. Demasiados problemas no resueltos tiene la capital para que inescrupulosos se llenen sus bolsillos a costa del deterioro de Bogotá y sus atribulados contribuyentes.

@FZuletalleras

 

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