Por: Hernando Gómez Buendía

Una elección muy triste

Una cosa es la verdad, y otra cosa es la verdad judicial.

El Estado de derecho, por supuesto, implica que nadie pueda ser condenado por un delito que no haya sido definido por la ley y no haya sido probado por los medios admisibles.

Es posible que el candidato Zuluaga no haya incurrido en delitos. Que su conducta no reuniera las condiciones técnicas para ser delito (“acción típica, antijurídica y culpable”, como se dice en derecho). O que el video fuera grabado ilegalmente, caso en el cual el juez tendría que descartarlo.

Es más: el hacker pudo no cometer un delito o las pruebas podrían ser insuficientes, como ya conceptuó la juez del caso. Con menos razón podría decirse que Zuluaga cometió un delito.

Pero eso es lo patético: que la persona que aspira y puede ser elegida presidente tenga que optar por el lenguaje de sus abogados de baranda para decir que “se atiene a la verdad judicial” y que “el video es ilegal”.

Los ciudadanos necesitábamos oír que el presidente en ciernes se atiene a la verdad y que el video es falso.

Zuluaga no lo dijo porque el video es cierto —y lo sabemos todos—. Como también sabemos que el video fue descubierto por el fiscal faltando dos semanas para las elecciones, y misteriosamente llegó a manos de la revista que dirige el sobrino del presidente y del periódico que dirige su cuñado.

Para que quede claro: Santos dio un golpe bajo, como acostumbra, pero Zuluaga no fue capaz de decirnos la verdad. Mintió para evitar ir a la cárcel, pero de paso le mintió a todo el país.

Si no viviéramos en un país enfermo, donde la verdad judicial importa más que la verdad, Zuluaga habría dicho simplemente que el video es cierto. ¿Y qué? Sencillamente estaba buscando información sobre el uso electoral que su adversario planeaba hacer del proceso de paz, que fue sin duda el tema de campaña.

Lo cual confirma otras dos enfermedades. La reelección que inventamos con Uribe y que pone a un candidato en el control unilateral de información y decisiones cruciales. La naturalidad con la cual el otro candidato recibe información ilegal, porque todos sabemos que la “inteligencia” es medio ilegal, que el Ejército chuza y que el uribismo habla por el Ejército.

Laringitis inventada, verdad judicial, fiscal de bolsillo, periodistas parientes, abuso de poder, militares en política y hackers al servicio de campañas. Añádase expresidente calumniador, procurador de bolsillo, expresidente dedicado a repartir ministerios, ríos de fondos públicos para mover los votos, populismo de la derecha dura, cinismo de la otra derecha, promesas y promesas sin aumentar impuestos, asesores tramposos y medios con contratos. Esa es Colombia.

Y sin embargo tenemos que votar porque uno de los candidatos prefiere que los campesinos —soldados y guerrilleros— sigan matándose en nombre del honor, la justicia y la verdad que encarnan sus gobernantes. Votaré con anestesia.

 

Hernando Gómez Buendía*

 

* Director de Razón Pública.

 

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