Por: Beatriz Miranda

Una escena conmovedora

Hace algunos días, el fotógrafo José Luis González, de la Agencia Reuters, tomó una foto desgarradora: una mamá guatemalteca, acompañada de su hijo de seis años, implorando a un oficial de la Guardia Nacional, recientemente creada por el presidente López Obrador, “que los dejara entrar (…) para que su hijo tuviera un futuro mejor”.

Lety Pérez se arrodilló en llanto delante del oficial de la Guardia Nacional: con una mano cubrió su rostro y con la otra abrazó a su hijo, quien, según el registro fotográfico, sostuvo sin temor, su mirada al oficial. Pareciera ser que, a pesar de su poca edad, ya había aprendido que para sobrevivir es necesario ser fuerte.

Equipado con un rifle de combate, el oficial mexicano le respondió: “Apenas cumplo órdenes”.

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Habían viajado aproximadamente 2.400 kilómetros desde Guatemala hasta Ciudad Juárez, y se encontraban a pocos kilómetros de distancia del territorio estadounidense. 

En este preciso instante, que para ambos debe haber durado una eternidad, el anhelo de pisar suelo estadounidense se desvanecía, la desesperación y el desaliento de la mamá, ¬que podría volverse un símbolo del dolor de los inmigrantes centroamericanos¬, era visible. La de los demás desconocida, cifras nada más.

En un intento desesperado, mamá e hijo pasan al otro lado del río, pero ingresan en una zona vigilada por agentes de aduana y protección de fronteras de EE. UU. y son detenidos.

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La cámara del fotógrafo de la Agencia Reuters habló más que mil palabras y sirvió para mostrar una vez más que los centroamericanos siguen desamparados, sin rumbo y los quieren volver una moneda de cambio, sin cara ni voz.

Aunque se sepa que hechos como este hacen parte  de la cotidianidad de la frontera México-Estados Unidos, la escena conmueve. Hace meses, el presidente López Obrador había anunciado que el papel de la Guardia mexicana sería disminuir el número de homicidios, en un país marcado por la violencia en los últimos años. Junio de 2018 se había convertido en el mes “más violento del país en los últimos 21 años, con 2.599 homicidios.

No obstante, fuentes oficiales han publicado que en los últimos meses aproximadamente 20.000 oficiales de la Guardia Nacional, la mayoría proveniente de las filas del Ejército y la Policía, fueron enviados a la frontera para detener el flujo migratorio proveniente sobre todo de América Central.

Aunque no haya ningún indicio de violencia del oficial mexicano hacia la inmigrante guatemalteca y su hijo, parece ser que México realmente se apropió de su condición de país frontera.

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Para nadie es una novedad que el presidente Trump puso el gobierno de AMLO entre la espada y la pared. Detrás de la tácita aceptación de este rol, está en juego un dinámico comercio bilateral.

Todo indica que la estrategia de la Casa Blanca de incluir en la relación México-Estados Unidos un componente de seguridad nacional, implementado gradualmente desde la firma del Nafta, ha tenido éxito.

Si el Mediterráneo se ha vuelto una ruta de dolor y muerte, parece que por estos lados se implementa un mecanismo más de represión, ahora puesto en marcha por un país latinoamericano, lindo y querido y en el mandato del mexicano.

¡Hace un año, nadie lo creería! Una eficiente división de trabajo por medio de la cual Estados Unidos propone lo que puede y desea y la aceptan los que dependen. 

*Profesora de la U. Externado de Colombia.

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