Por: Aura Lucía Mera

Una fecha para reflexionar

Mis recuerdos del 9 de abril son borrosos. Cinco años recién cumplidos. Habíamos llegado a vivir a Cali hacía poco tiempo. Aunque vallecaucanos raizales por todos los costados, incluyendo el chibcha, nacimos las tres hermanas en Bogotá.

Sin embargo, todavía tengo viva la sensación de que algo muy grave estaba ocurriendo. Mi mamá nos abrazaba con fuerza y nos repetía una y otra vez que no podíamos salir de la casa bajo ningún pretexto, mientras escuchaba la radio. Mi papá llegó a casa temprano y también nos dijo que nadie podía salir en esos días. Nos acostaron temprano. Ellos hablaban en voz baja y seguían las noticias. Colombia, al día siguiente, jamás volvió a ser igual. Todo cambió.

Buen día para reflexionar. Llevamos más de 60 años de sangre. Todavía no sabemos a ciencia cierta quién asesinó a Jorge Eliécer Gaitán. Lo que sí tenemos muy claro es que desde esa nefasta tarde empezó una sangría que parece no tener fin. Y la premisa es la misma. La inequidad. La desigualdad. La clase política feudal que da la espalda a las necesidades de la mayoría de la población. La concentración de la riqueza, exacerbada cada vez más con la adicción al dinero, en todas sus formas, ya sean lícitas o ilícitas. El fin justifica todos los medios. Nos rendimos a la adoración del becerro de oro. Nos importa un pepino saber que cuando morimos no nos llevamos ni un cochino peso para ningún lado. Ahí está el zar Carranza. Descubrió la esmeralda más grande, su imperio fue más fuerte que todo intento de justicia. Sus hectáreas pasaban de un millón y ahora está en una cajita vuelto polvo, y no precisamente polvo verde que algún guaquero quiera encontrar.

Expresidentes le quieren sacar los ojos al presidente Santos y a todos los que queremos, creemos y votamos por un proceso de paz. La mayoría de los colombianos deseamos de corazón que al fin Farc, Eln y los grupúsculos que quedan en la guerrilla lleguen a un consenso con el Gobierno actual. Pero las ambiciones políticas de los llamados dirigentes, sin importarles su patria, su pueblo, su sangre derramada y la que seguiría corriendo y tiñendo de rojo nuestro horizonte, prefieren atravesarse como burros muertos en el camino de los diálogos. Parece que quisieran decirnos a los cuarenta y tantos millones de colombianos: “Si nosotros no pudimos... pues que nadie pueda...”.

Actitud grotesca que merece el rechazo de todo ser pensante, que tiene familia, que quiere un futuro normal para su país. Ricos y pobres, liberales, conservadores, verdes, amarillos, estudiantes, amas de casa, empresarios, trabajadores, campesinos y citadinos, cuchibarbies y adolescentes, todos deberíamos rechazar, unidos en una piña, a los que se oponen y tratan de descalificar los diálogos de La Habana.

Se supone que hoy Colombia marcha por la paz. Marchemos todos, agitando banderas blancas, respaldando a este gobierno que lucha a contracorriente, no contra los guerrilleros, sino con los que en algún momento dirigieron la nave del país. Aquí sí cabe la consigna “colombianos unidos por la paz jamás serán vencidos”. Unámonos todos este 9 de abril. Las nuevas generaciones tendrán un futuro mejor.

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