Por: Ricardo Bada

Una firma que vale US$20.000

Una de las muchas leyendas tejidas en torno a Picasso es que nunca pagó en efectivo las facturas de su panadero, de su carnicero, de sus proveedores. No, el pícaro malagueño siempre las pagó con cheques, unos cheques que ni su panadero ni su carnicero ni ningún otro de sus proveedores depositaron en sus respectivas cuentas bancarias, sino que fueron mercados por coleccionistas como autógrafos del genial autor del Guernica.

Pienso en ello viendo la lista de los diez libros más caros vendidos por Iberlibro.com en el año recién pasado. Para quienes no lo sepan, Iberlibro.com es un portal que agrupa a los libreros de viejo, las librerías de segunda mano y los anticuarios de toda España, pero al que se han ido incorporando sus homólogos de muchos países, entre ellos, con nutrida representación, el Reino Unido y los EE. UU.

Para darles una idea de sus fondos, mientras pergeño esta columna tengo a la vista el rubro Cien años de soledad, de la que hay en oferta 815 ejemplares; desde uno de su traducción al alemán que puede adquirirse por 4,50 euros, hasta uno de la primera edición, Buenos Aires 1967, por un valor de 21.121,03 euros... donde debo confesar que esos tres centavos de euro me parecen un producto colateral del realismo mágico. Y la razón del altísimo precio es que ese ejemplar está dedicado de su puño y letra por Gabo al amigo Luis Roffo.

Cien años de soledad se encuentra, por cierto, ocupando el puesto 7 entre los diez libros más caros vendidos por el portal Iberlibro.com en el 2017. También se trata de un ejemplar de la primera edición, pero sin dedicatoria autógrafa, lo que se refleja en el modesto precio de sólo 1.637 euros. Y por cierto también que García Márquez es el único autor presente en esa lista con dos libros: en el puesto 5 figura un ejemplar de la primera edición de La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada, vendido por 1.850 euros gracias a una dedicatoria autógrafa personal: “Para la cándida Silvia, de su abuelo desalmado. Gabo, 1980”.

Por lo que a mí se refiere, uno de los mayores tesoros garciamarquianos de mi biblioteca no tiene nada que ver con autógrafos sino con el hecho de que me avivé a tiempo y compré en su día un ejemplar de la edición defectuosa de Memoria de mis putas tristes. Aquella donde en su última página puede leerse uno de los más morrocotudos gazapos en toda la historia de la literatura en lengua castellana: “Hagamos una apuesta de viejos: el que se muera primero se queda con todo lo del otro”. Es casi tan bueno como aquel principio de novela que un autor primerizo le entregó a don Juan Eugenio Hartzenbusch y que dice así: “Era de noche, y sin embargo llovía”.

 

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