Por: Cecilia Orozco Tascón

Una foto social

BUENA NOTICIA PARA EL PAÍS Y PARA el mismo Presidente que éste haya ido a la Corte Suprema a hablar de los graves disturbios entre los dos poderes, si su visita es el comienzo de una rectificación a la actitud soberbia que lo ha caracterizado cuando se refiere a ese tribunal.

Es de esperarse que con el liderazgo que ejerce el jefe de Estado, los perros de caza que acosan a los magistrados (en especial a tres de ellos) para escudriñarles su vida pública y privada casi con morbo, sigan este ejemplo. Pero si en vez de abandonar sus intenciones de sometimiento forzado, lo que busca el mandatario para mejorar su perfil en las cortes internacionales es “persuadir” a la sala plena con el objeto de que modifique las sentencias escritas, o que acomode las nuevas según lo indiquen los intereses gubernamentales, Colombia habrá entrado en la peor de las aventuras, así haya aplausos del 90% de la población.

Pese a que aún no se han revelado los detalles, la información que se divulgó antes y después del encuentro no es tranquilizadora. Según los reportes, la agenda iba a ser “abierta” y “se tratarían todos los temas”, entre otros, la sentencia que en su momento provocó la ira presidencial porque no calificó de sedicioso a un paramilitar raso;  las “diferencias” por  los fallos en los procesos de la parapolítica, y el documento que soportaba la condena de Yidis Medina. Una declaración anterior de Álvaro Uribe en Neiva, no deja muchas esperanzas abiertas: “éste no es un asunto de asperezas sino de aproximación jurídico-política”.

Si resultare exacto el significado de esa frase, ‘apagá y vámosnos’. ¿La rama ejecutiva y la judicial sentadas para modular las sentencias de acuerdo con las políticas oficiales? Si la estrategia de la reconciliación es esa, se tendría que aceptar —y por ahora me niego a hacerlo— que la imagen de rodillas del magistrado Ricaurte, aprovechada por algunos graciosos para sugerir el inicio de la postración de la Corte o de parte de ella ante el Gobierno, no sería un chiste sino una terrible expectativa.

Le corresponde al Ejecutivo corregir las falencias jurídicas que tengan sus medidas, cuando por las interpretaciones de los jueces se descubre que se afectó el ordenamiento legal en algunas de ellas. En este evento, no se les puede echar la culpa a los examinadores como se viene acostumbrando, sino a los que estructuraron las disposiciones gubernamentales por su falta de preparación. Entiendo a los magistrados porque algo similar nos ocurre a los periodistas, a quienes nos rechazan porque somos portadores de malas noticias.

Hasta un alumno de bachillerato sabe que un Presidente constitucional sobrepasa el límite que le impone la democracia si desconoce a la Justicia, como cuando propuso en cuestión de horas un referendo para repetir las elecciones de 2006. Ése es el acto de repudio más evidente de Álvaro Uribe contra la Corte. Inaudito por el desquiciamiento institucional que generó además del hecho, porque la Casa de Nariño no había leído el documento completo que llevó a la Sala Penal a tratar como trató el affair Yidis; mucho menos conocía el acervo probatorio que lo sustentaba, salvo que alguien, por hacerle el favor al mandatario, hubiera violado la reserva sumarial.

¿Será que el lunes pasado Uribe se arrepintió de esa alocada idea y le ofreció disculpas a la Corte? Hasta hoy no conocemos su desistimiento. Por eso es mejor ser cautos con las fotos de los protagonistas, por cierto no muy sonrientes. Me parece que todavía no tenemos motivos para celebrar.

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