Por: Mario Fernando Prado

Una frustración más

QUÉ PENA SER AVE DE MAL AGÜERO —aunque el sirirí no lo es—, pero las Farc no van a aceptar la propuesta de devolver a todos los secuestrados, por más Piedades y Chávez y Correas y Ortegas que intermedien.

De nuevo el país sufrirá el recurrente sainete a que ya nos acostumbró esta guerra que nadie gana y que parece no tener fin.

Uribe se juega una nueva partida de ajedrez y le hace el guiño a la mediación de la senadora Piedad Córdoba, pero hay una condición que de antemano se sabe que la hará inviable.

Eso de que las Farc se queden sin instrumentos —¡seres humanos!— de negociación, es dejarles sin la soga y sin la ternera. ¿Con qué van a seguir chantajeando al Estado? El tener a unos pobres compatriotas encadenados cual animales les da poder y visibilidad.

De allí su política del gota a gota: Por cada liberado, más y más presencia ante la opinión pública y más vigencia de su discurso trasnochado e inverosímil. Por ello el Gobierno —con o sin razón— no les hace el juego.

Y así vamos a seguir hasta que se pudran los plagiados o intenten liberarlos o los maten en una frustrada operación rescate.

Lo triste es que en estos tres escenarios los que pierden son quienes deberían haber recuperado su libertad hace años.

El tema está caliente. Los medios están que arden. La noticia ya le dio la vuelta al mundo y no faltan quienes piensan con el deseo y están apostándole a la esperanza.

Empero, la realidad es bien distinta, y ojalá me equivoque. De no ser así, seguiremos acumulando frustraciones y polarizando aún más este país que nadie logra entender.

Un Presidente diciendo que sí pero que no y unas Farc diciendo que no pero que tampoco, es el corolario de un capítulo más de una novela de sangre, dolor y lágrimas que está acabando con la paciencia de los unos y de los otros. ¿Quién resistirá más?

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