Por: Cartas de los lectores

Una golondrina no hace verano

Desde su llegada a la Fiscalía, Néstor Humberto Martínez ha emprendido una desigual lucha contra la impunidad, contra la falta de administración de justicia, contra la corrupción, pero se ha encontrado con una infranqueable barrera que le impide avanzar; así ha encontrado un legislación penal llena de gabelas y beneficios para los delincuentes de toda clase, desde el raponero del semáforo, hasta el más encumbrado ministro o magistrado de las altas cortes y una legislación penitenciaria que a los delincuentes les encanta, por el relajo, la mamadera de gallo, los beneficios y de ñapa encuentra unos jueces penales venales y pare de contar.

El presidente está blindado y, si acaso se le investiga, es una pantomima como ocurrió con el juicio al expresidente Ernesto Samper; si existiera justicia, todavía estuviera preso.

Los magistrados de las altas cortes cometen todo tipo de actos de corrupción al amparo de la legislación penal, que los blinda contra cualquier investigación, o si no es así, miremos los casos de los magistrados José Leónidas Bustos, Gustavo Malo, Jorge Pretelt, que aún habiendo toda clase de evidencias, continúan gozando de libertad esperando que la Comisión de Acusación de la Cámara los investigue y después envíe el resultado de la indagación a la Sala Penal de la “Corte Suprema de Justicia” para que esta finalmente los absuelva –seguro que asi sucederá con Pretelt, ya el abogado Pacheco que se atrevió a denunciar el hecho fue condenado y estuvo preso en La Picota, y el señor Pretelt continúa en libertad y la honorable Sala Penal lo absolverá–.

A los ministros y viceministros los investigan y los condenan a penas irrisoria como en el caso del viceministro Gabriel García, a quien condenaron a cinco años de prisión y dentro de dos años estará libre y disfrutando de su riqueza (seis millones de dólares); el señor Otto Bula, que no es servidor público, se encuentra en La Picota en un patio destinado para los servidores públicos, y eso por qué será, seguramente razones de pesos. La Gata acaba de ser traslada a su mansión en el norte de Barranquilla después de haber ordenado el asesinato de un pobre vigilante (una viuda y unos huérfanos pasando toda clase de privaciones y ella en su mansión), seguro que también hubo razones de pesos.

Los delincuentes de cuello blanco celebran preacuerdos, acuerdos y principios de oportunidad con la Fiscalía –es una feria– y sus penas se le reducen a lo mínimo, se quedan con grandes sumas de dinero que después salen a disfrutar con sus familias.

A los que tienen dinero se les condena a pagar sus condenas en sus casas –verdaderas mansiones– y ellos felices.

A los delincuentes del común los jueces de control de garantías al escucharlos en interrogatorio les resuelven la situación jurídica con detención domiciliaria, les colocan brazaletes en las piernas y el delincuente continúa delinquiendo, robando, extorsionando, secuestrando, asesinando, etc., y los señores jueces se atreven a decir con tremenda desfachatez que como el sistema es garantista hay que dejar a los delincuentes en libertad. El señor presidente le exige resultados a la Policía y esa institución cumple y captura a muchos delincuentes que los jueces al poco tiempo (horas o días) dejan en libertad.

Los jueces de conocimiento dejan vencer los términos y en consecuencia dejan a los delincuentes en libertad. Señor fiscal, páreles bola a esos jueces e investigue las razones por las cuales se vencen los términos.

En las cárceles existen toda suerte de gabelas y beneficios y gran corrupción que el delincuente allí la pasa bien, tiene dónde dormir, le dan comida, recibe visitas, les dan permiso, en fin, toda suerte de beneficios, que el delincuente se amaña.

Señor fiscal, hay que cambiar esa legislación penal y eliminar toda suerte de gabelas y beneficios e implantar una legislación penal dura, una legislación penal para Colombia, no para los países del norte de Europa, o Australia o Nueva Zelanda; una legislación penal que se haga sentir y una legislación penitenciara durísima, sin beneficios, sin visitas, que castigue al delincuente, que le infunda temor, y así ayudaremos a descongestionar las cárceles, porque el que llega la primera vez, pide perdón y no piensa regresar.

Convoque al Congreso con autoridad para que se expida una legislación penal que permita combatir toda clase de delitos.

Maximiliano Iglesias Marquez.

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