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hace 4 horas
Por: Oscar Guardiola-Rivera

Una historia clásica

Se dice que todas las historias comienzan con la travesía de un personaje y terminan con su regreso triunfal a casa.

La más clásica, la del hijo que parte en busca de su padre desaparecido. En 1990, mientras estudiaba en Londres, Hisham Matar fue informado de la desaparición de su padre en Egipto. El resto de la historia ha sido relatado en estas páginas por J. G. Vásquez: agentes del servicio de seguridad de Mubarak detuvieron a su padre en Cairo y lo entregaron a Libia. Jaballa Matar, un vocal opositor del Coronel Muamar Gadafi en el exilio, no vio más la luz del día.

Así comenzó el viaje del hijo. Parte de esa odisea ha tenido lugar en la imaginación, y el resultado son dos novelas extraordinarias, In the country of men y Anatomy of a disappearance. La otra lo ha llevado a convertirse en portavoz de la lucha por los derechos humanos en su país.

En estos días recibí un mensaje de Hisham: “Recién llegado del Cairo. La fiesta continúa”. Antes, Hisham no podía visitar Egipto. Su voluntad de decir la verdad al poder lo había convertido en un personaje incómodo para las autoridades. Ahora las cosas estaban cambiando. Mubarak había sido expulsado y Libia asumía el reto de decidir un destino propio, sin tutela paterna, ni la de los pasados 42 años ni la de los países occidentales recién convertidos a la causa de la libertad o interesados en administrar su petróleo.

“De regreso en Cairo —escribió—, sentí que mi destino terrible había sido revocado”. Esa frase describe de manera precisa lo que significa liberarse. Del opresor, que asume siempre la apariencia de un padre benévolo mientras comete los actos más crueles, pero también del peso del padre cuyo espectro aún nos ronda. Esa libertad no es olvido. Uno parte en busca del legado paterno, pero se rehúsa a que el resultado sea el retorno eterno de lo mismo. Así nos llegan la razón y la conciencia.

El caso de Hisham no es único. En nuestro país, Héctor Abad e Iván Cepeda, cuyos padres fueron asesinados por creer que la gente no tiene por qué obedecer a quienes los encadenan, han hecho de sus historias de vida un ejemplo de libertad.

Se dice que todas las historias son de dos tipos. Las que tratan de lo invisible y oculto, que desearíamos no ver ni escuchar pues nos incomoda. Y las que exponen lo ya revelado. Creo que las primeras son más aptas para decir la verdad. Nos recuerdan que la indiferencia humana frente a la crueldad es infinita, pero que también lo es la lucha contra esa indiferencia.

Tal es el tipo de historias que cuentan estos hijos. En cada caso la travesía ha sido diferente, pero todos ellos regresan a casa para impedirnos el olvido.

*Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.
 

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