Por: Cartas de los lectores

Una huelga que enseña

Comúnmente, los maestros enseñamos en la escuela, entendiéndose como tal a una institución física, distribuida en salones de clases, patio y, en algunos casos muy contados, una cancha.

Esa es la escuela en el ideario tercermundista de la concepción del Gobierno y de los detentadores del poder, mas no de los educadores. La escuela es más que eso: es la casa, el barrio, la vereda, la familia, la ciudad e inclusive el mundo; todo ello, porque la escuela es trascendente en su naturaleza, en cuanto no sólo es transmisora o “constructora” de conocimientos, sino un lugar para encontrarnos, para interactuar desde nuestros afectos, pero sobre todo para reflexionar y construir posibilidades, en cuanto ser, hacer y cómo hacer en nuestras relaciones con el otro, desde la valoración de sus ideas y de sus derechos; rol éste que en gran medida, y dadas las limitaciones de la escuela nuestra, no se está cumpliendo.

La escuela nuestra es una escuela sitiada, una escuela sin presupuesto, instrumental y sin norte, muy a la sazón de los intereses de quienes definen sus políticas y determinan sus recursos en correspondencia con los requerimientos de las transnacionales, sin importarles el futuro de quienes allí se educan.

Es por ello que la huelga de los maestros, que dista mucho de ser una lucha esencialmente por el salario, es una huelga política que enseña, que reivindica el carácter transformador de la escuela y de la educación en términos de dignidad, en cuanto propende por mejores condiciones y mejores ambientes, reclama su naturaleza de calidad, y reivindica su carácter científico y crítico como premisa del ser humano.

En ella subyacen “la justa ira y la legítima rabia de los maestros en su condición de indignados y caminantes”, como lo concibiera Paulo Freire, cuyo legado aún está vigente, recorriendo la geografía universal.

En ese orden de ideas, la huelga magisterial se constituye también en un enorme y eficaz método de enseñanza, desde el fundamental derecho a la protesta, que sirve de fuente de apropiación del conocimiento para las presentes y futuras generaciones de estudiantes.

Por ello, por sus objetivos y por su razón de ser, la huelga de los maestros, más que un mecanismo de presión reivindicativa inmediatista, se erige y se enaltece como un método de concientización y de enseñanza, desde el reclamo más elemental del ser humano: el derecho a la educación, porque la educación es la vida misma.

Es en ese contexto como debe verse y caracterizarse la huelga de los maestros, como una huelga que enseña desde el reclamo de un derecho justo y legítimo que se ha venido conculcando.

Luis Alfonso Ramírez Castellón. Rector Institución Educativa Soledad Acosta de Samper.

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