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hace 2 horas
Por: Hugo Sabogal

Una ilustre desconocida

En los últimos tiempos ha habido varios intentos, especialmente en los países del Nuevo Mundo, de producir vinos de Cabernet Franc de manera independiente, pues esta uva se suele utilizar en cortes.

A menos que la curiosidad obligue a muchos aficionados a preguntarse por las variedades que conforman el cuerpo y alma de los clásicos vinos de Burdeos, la mayoría no se da por enterada de que son, esencialmente, tres cepas tintas las responsables del milagro: Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Petit Verdot, con ocasionales toques de Côt o Malbec.

En Francia, los vinos tintos se obtienen mediante la mezcla o assemblage de más de una variedad. Lo que se busca es complementar las particularidades de una uva con las de otra u otras. Por ejemplo, si una variedad es pródiga en taninos (aquellos componentes que generan astringencia en los vinos tintos), esa sensación puede tamizarse con la inclusión de cepas con menor presencia de esas sustancias. El resultado final debe ser un caldo de gran estructura, aromas potentes y sabores profundos, pero equilibrados.

Con excepción de la Cabernet Sauvignon, que puede elaborarse como monovarital —es decir, con una sola uva—, las otras dos cepas —–la Cabernet Franc y la Petit Verdot— pocas veces se vinifican por separado.

Sin embargo, en los últimos tiempos ha habido no pocos intentos, especialmente en los países del Nuevo Mundo, de producir vinos de Cabernet Franc y Petit Verdot de manera independiente, pero los resultados no siempre han sido del agrado del público.

Lo cierto es que aquellas bodegas que han insistido en crear monovarietales con estos dos cepajes ya han remontado la curva de aprendizaje y han comenzado a poner sobre la mesa vinos seductores y llenos de secretos por descubrir.

Uno de los primeros misterios por develar es su origen. Me entero, en el Gran Diccionario del Vino, del escritor español Mauricio Weisenthal, que la Cabernet Franc es una variedad con un rastro fascinante de ancestros, que va mucho más allá del nacimiento de Cristo. Weisenthal cita, por ejemplo, los hallazgos de Columela, un prohombre romano que, tras vivir en Siria —cuna de la vitivinicultura—, se dedicó al estudio de los temas agrícolas, quien señala que el origen de la Cabernet Franc quizás fue la antigua Balisca, cultivada en las costas del Adriático. Otros estudiosos arguyen que también pudo haber sido un vástago de la variedad española Romana, que, al pasar a Francia, recibió el nombre de Bitúrica, de donde posiblemente surgieron nomenclaturas como Bidure, Vidure y Grosse Vidure, antecesoras de los Cabernet.

Quizás el dato más interesante sobre la Cabernet Franc es que se le atribuye la paternidad de la Cabernet Sauvignon, cepa que, al parecer, surgió de la fusión de la anterior con la Sauvignon Blanc. Pero entre padre e hija hay notorias diferencias. La Cabernet Sauvignon madura tarde, tiene piel más gruesa y produce vinos potentes y de gran longevidad. Debido a su gran estructura y resistencia, prefiere los climas calurosos.

En cambio, la Cabernet Franc posee un hollejo más delgado, caracterizado por un color negro-azuloso. Prefiere climas moderados y madura antes que la Cabernet Sauvignon. Contiene una carga menor de taninos y acidez natural, y al final produce vinos más suaves, finos y delicados, con recuerdos a frambuesa, casis y violeta.

Igualmente, son característicos sus toques herbáceos, que recuerdan al pimentón dulce. Hay personas, incluso, que lo confunden con el Carménère chileno.

Donde da mejores resultados es en la zona de Libournais, cuyas subregiones incluyen prestigiosas denominaciones de Pomerol y Saint-Emilion. Dos de los grandes vinos del mundo que usan un alto porcentaje de esta cepa son Château Cheval Blanc y Château Ausone. También se utiliza para producir excelentes vinos rosados secos.

Fuera de Francia, el Cabernet Franc ha dado excelentes resultados en Nueva Zelanda, Napa y Sonoma (en California), Chile y Argentina. A propósito de este último país, el evento Argentina Diversa, en el Hotel Hilton Bogotá, el próximo 2 de agosto, ofrecerá la oportunidad de degustar vinos de Cabernet Franc de ese país.

En gastronomía, se recomienda con pollo y conejo, preferiblemente en salsa de hongos.

Argentina Diversa

Si alguien se ha preguntado cuántas variedades tintas y blancas produce Argentina además de Malbec y Torrontés respectivamente, la respuesta la puede encontrar el próximo 2 de agosto en el Hotel Hilton Bogotá, a partir de las 5:00 de la tarde. Por $35.000 por persona (hay descuentos para grupos de 10), los aficionados al vino podrán probar 60 vinos del país austral elaborados con variedades como Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo, Cabernet Franc, Pinot Noir y Syrah, entre otros. Además de los vinos, ofrecidos por 18 bodegas distintas, los asistentes podrán participar en rifas de copas, accesorios y una cava de 24 botellas.

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