Por: Cartas de los lectores

Una jugada

Ya se comenta que el cáncer de Hugo Chávez no fue sino una maniobra fríamente calculada y planificada por Fidel Castro, al mejor estilo castrocomunista.

Lo dice el periodista venezolano Alejandro Marcano, en el Nuevo Herald de Miami. Lo que significa esto, en síntesis, es que Chávez está más vivo que aquellos que comentan y predicen cada día su muerte inminente, como lo predica el cubano Carlos Alberto Montaner, en todos los periódicos latinoamericanos en que escribe.

Ya comenzó oficialmente la campaña electoral en Venezuela y por el Canal Telesur se le ve a Chávez disfrutando de una energía casi bárbara, pues en sus largos discursos exhibe nada menos que una sonrisa recargada de buena salud.

Y cerrando con broche cuasi sarcástico este comentario, el precitado periodista Marcano afirma que “los Castro entonces estarán muertos de la risa en La Habana, igual que el grupo de venezolanos que rodea estrechamente a Chávez, quien siempre tuvo pleno conocimiento de la patraña”.

 

Raúl Córdoba Avilés. Bogotá.

Soluciones circenses

Me preocupa cómo tratamos a los campesinos ante los deterioros y pérdidas por efectos de fenómenos naturales. En la mayoría de los casos se ha recurrido a la vulgar figura de la caridad, con la cual se ofrece un engaño mediático.

Para no ir tan lejos, el 23 de julio Caracol Televisión abrió la edición con una avalancha que afectó a 95 unidades de producción en San Vicente de Chucurí, Santander, hecho ante el cual por fin pude apreciar una reacción seria. En efecto, el gobernador de Santander, Richard Alfonso Aguilar Villa, en respuesta al señor periodista, reaccionó solicitando la condonación de las deudas adquiridas, la refinanciación integral para la recuperación como unidades productivas y la prestación eficiente del servicio bancario para proceder a configurar la solución.

Cada unidad predial de esa zona de San Vicente de Chucurí ofrece entre tres y cuatro oportunidades de desempeño, o sea el trabajo para 350 colombianos que afectan igual número de familias para un total de 1.400 damnificados. Ellos también son colombianos, no tienen mentalidad limosnera, ya le han demostrado al país su espíritu de trabajo. Lo menos que se puede hacer es responderles con las medidas económicas pertinentes que solicita el gobernante.

Cuando aciertan en sus posiciones los mandatarios de las entidades descentralizadas, no hay interés para ofrecerles el aval que ameritan. ¿Sería posible apreciar en las páginas de El Espectador esa educación mediática que tanta falta le hace a Colombia?

 

Fidel Ocaziónez Rugeles. Bucaramanga.

 

 

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