Por: Aura Lucía Mera

Una manada de elefantes

LOS ACABO DE VER EN SUDÁFRICA. Enormes. Misteriosos. Arrolladores. Salvajes e indomables. Considerados como los más peligrosos entre los famosos "big five": león, búfalo, leopardo, rinoceronte. Se esconden misteriosamente en medio de los matorrales y salen cuando uno menos se los espera. Eso sí, cuando salen, se dejan ver, sentir. Qué elegancia. Qué espectáculo. Eso sí, verlos de lejos, conservando distancia y sin quitarles el ojo de encima. Y si alguno mira de frente, levanta la trompa y bate las gigantescas orejas, pues a salir corriendo que el peligro está cerca. Para ser más claros, a nadie se le puede meter un elefante sin que lo note.

O por lo menos eso ocurre en África. Sin embargo, en Colombia, el país del realismo mágico donde todo puede suceder, los elefantes se metieron por manadas a los ministerios, instituciones y prácticamente a todas las entidades públicas en el gobierno anterior y nadie se dio cuenta. Ya en el gobierno de Ernesto Samper se había colado uno. Tal ves el más peligroso de todos porque fue el que abrió la compuerta fatídica del narcotráfico oficializado. Pero el presidente de entonces juró y rejuró que no se había dado cuenta asegurando que “todo ocurrió a sus espaldas”. No hubo manera de que aceptara que sí había visto el elefante.

Lo mismo le sucedió al exministro Diego Palacio, que aunque considero que es un hombre pulcro y probo, se le metió la manada sin que se diera cuenta. ¿Cómo se le colaron?  Palacio reconoce que no la vio venir. Y acabaron hasta con el nido de la perra.

Al exministro Andrés Felipe Arias se le metieron por entre las narices. Más aún, creo que él convocó a la manada. Pero “mató al tigre y se asustó con el cuero” y ahora pretende fingir que nunca los vio. Que se colaron también a sus espaldas. Habrá que ver en qué queda la historia.

Al alcalde Samuel Moreno fueron tropeles enteros, le invadieron las vías, le hicieron conejo, lo atropellaron, se lo pasaron por manteca. Pero él también sostiene a diestra y siniestra que no los vio. Que no se dio cuenta de nada y que si se metieron a arrasar con todo, fue a sus espaldas.

La lista es larga y no continúo porque la cantidad de elefantes en el DAS, en las CAR y en el Inpec sobrepasaría el territorio del parque Kruger y no cabrían en ningún continente. Lo insólito del caso es que el expresidente Álvaro Uribe, máxima cabeza durante ocho años de ministerios, Fuerzas Armadas e instituciones, tampoco se dio cuenta de las manadas de elefantes trompudos, salvajes y astutos que se le colaron.

Cuando una periodista le preguntó la semana pasada en la W Radio si realmente él no se había dado cuenta de la invasión de paquidermos durante sus gobiernos, respondió indignado que “no le faltaran al respeto”.

Lo que deberíamos decirle los colombianos que no tragamos entero, es que él como exmandatario no le falte al respeto al país, que dé la cara y asuma la responsabilidad que le corresponde.

Una de dos: o es un cínico de tiempo completo y horas extras, o un absoluto inepto que no se dio cuenta de que durante su administración se gestaron los más impresionantes y aberrantes delitos de corrupción administrativa. ¿En qué quedamos?

¿Pudieron esas manadas de elefantes entrarse sin que absolutamente nadie se hubiera dado cuenta?

P.D. A leerse al libro de Olga Behar: ‘Los doce apóstoles’. A ella felicitaciones y que se cuide. No le manden un elefante camuflado.

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