Por: Julio César Londoño

Una maniobra tétrica

Aunque es normal que un pajudo se enrede, la escala de las contradicciones del exfiscal Martínez es inédita. En su airada renuncia del miércoles 15 de mayo afirmó que el fallo de la JEP era un atentado a la cooperación internacional contra el crimen, minaba la institucionalidad del país y cohonestaba con el narcotráfico. Pero en esa misma semana le dijo a Yamid Amat que “sin justicia transicional es imposible el cierre jurídico del conflicto” (El Tiempo, mayo 19).

En realidad fueron la DEA y la Fiscalía las que no colaboraron con la JEP. Y lo más inaudito, ¡la Fiscalía no cooperó con la DEA! No autorizó la operación del entrampamiento a Santrich, circunstancia que invalida la “prueba reina”, el famoso video donde Santrich interpreta a don Vito Corleone: parco, frío, gangoso, preciso.

¿Por qué la DEA no entregó las pruebas? Martínez tiene dos respuestas: para que la JEP no las “contaminara” (¡plop!) y porque debemos confiar en “el principio de buena fe” de la justicia estadounidense (plop 2).

Omitamos aquí el correo 4-72 perdido en Panamá, una fábula más tierna que las dos primeras.

¿Fue ilegal la trampa que le tendieron a Santrich?, le pregunta Yolanda Ruiz a Martínez en RCN Radio. “No sé”, responde el cándido señor. “Son ustedes, los periodistas, y la JEP, los que tienen que ayudarnos a dilucidar esto”. Con esta respuesta, Martínez no clasificaría ni para inspector de vereda en un examen jurídico en Islas Caimán.

También mencionó su recelo por “el sesgo ideológico del fallo de la JEP”, en alusión al hecho de que hay magistrados “demasiado progresistas” en este tribunal. Pero, si es tan “ideológica” la JEP, ¿por qué ordenó la captura de El Paisa? ¿Por qué se han acogido a ella casi 2.000 militares, incluido el general Mario Montoya? ¿Por qué, a pesar de la fragilidad de las pruebas, fue tan dividido el fallo a favor de Santrich?

Tome nota, Martínez, no sea tan Bolsonaro: el hecho de que un juez sea socialdemócrata, digamos, no significa que apruebe los métodos del terrorismo de izquierda, así como no todos los abogados de derecha simpatizan con la barbarie paramilitar. No sea tan primitivo. La lógica moderna es un continuo de grises, no un tablero de cuadros negros o blancos. Salga de esa caverna donde resuena día y noche el mantra estúpido: el que no está conmigo está contra mí.

En la noche del miércoles 15, el presidente habló duro, con una vehemencia martinezca. El fondo también fue igual: la JEP está torpedeando las instituciones y le da la mano al narcotráfico. Es exactamente al contrario: son Martínez y Duque, y la horda que los secunda (o mejor, la horda que los dirige), quienes pretenden pasar por encima de las instituciones.

La JEP está formada con los más altos estándares internacionales y obra inspirada en una filosofía humana y práctica, la justicia restaurativa, la única posible en casos tan complejos como el colombiano, la única que aceptan guerrilleros y militares.

El verdadero atentado contra la institucionalidad está en esas declaraciones altisonantes y mediáticas que pretenden deslegitimar los tribunales, el fin inconfesable de los bárbaros que detestan el Estado de derecho, los que consideran que la Constitución es un compendio de “articulitos” y sueñan con imponer un Estado de opinión, una de las tantas máscaras del fascismo.

Conclusión: el caso Santrich es una farsa seudomoral donde chocan los derechos de un ciego traqueto, los miedos del poderoso # 82, los cálculos de un fiscal sinuoso y las arbitrariedades de un imperio vicioso. Su gravedad estriba en que puede significar el fin de los Acuerdos de Paz, la empresa más incluyente y noble de la historia de un país regido por el signo de la exclusión.

También la puede interesar: "¿De fiscal a candidato?: Néstor Humberto Martínez y su activismo por un pacto nacional"

 

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2019-05-25T00:00:55-05:00

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2019-05-25T00:15:01-05:00

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