Por: Felipe Zuleta Lleras

Una medida populista y arbitraria

DICE LA SABIDURÍA POPULAR QUE un hombre encontró a su esposa con el amante y salió a vender el sofá. Y eso es exactamente lo mismo que hizo la alcaldesa de Bogotá, Clara López, con su arbitraria y precipitada decisión de prohibir la venta de licores entre las 11 de la noche y las 10 de la mañana en todos los establecimientos que no sean bares, restaurantes, discotecas y licoreras con envíos a domicilio. Esta decisión tiene como supuesta finalidad disminuir las riñas, cifras que están disparadas.

Muy loable pero inútil, porque quienes quieran tomar trago o lo compran antes, o lo piden a domicilio o, como pasa en Barcelona frente a la misma prohibición, lo consiguen a través de unos vendedores ambulantes que han sido incontrolables por parte de las autoridades.

No es del talante liberal —como el de la alcaldesa— adoptar este tipo de medidas, de manera casi dictatorial e inconsulta, no sólo con los ciudadanos, sino sobre todo con los comerciantes, entre ellos por supuesto los pequeños, que son en últimas los que más se perjudican con esta decisión.

Este decreto equivaldría a que en la época de la violencia partidista el Gobierno hubiera prohibido el uso de machetes para que no se siguieran matando entre liberales y conservadores y  no se practicara como técnica criminal lo que se conocía entonces como el corte de franela.

Prohibir la venta de licores en Bogotá es reconocer, por parte de la Alcaldía, que el tema de seguridad los desbordó, que definitivamente no piensan incrementar las campañas educativas, que la solución más fácil al tema de la violencia es el de privilegiar a unos restaurantes, discotecas y bares, en detrimento de los tenderos y pequeños comerciantes.

Tal vez la doctora  López no se ha dado cuenta que entre cerveceros, tenderos y los gobiernos de Bogotá y nacional dejarán de recibir $9.334.123.827 de pesos al mes (según el cálculo de Bavaria y los tenderos). Eso mal contado serían casi 120  mil millones de pesos al año, cifra considerable para la economía colombiana.  

Esta decisión si bien es populista —que no popular— en la práctica no tendrá efectos, como no los tiene el hecho de cerrar los bares y discotecas a las 3 de la mañana, porque después de esa hora los ciudadanos arrancan para otros sitios que llaman privados y que, al final del día, son los que se benefician con la prohibición.

Le aseguro a la alcaldesa que antes de lo que se haya dado cuenta, aparecerán miles de sitios que llevaran licor a domicilio, y nuevos “bares” y discotecas.

Pero claro, serán los vendedores ambulantes los que harán su agosto, aumentando así el riesgo de que se incrementen el número de ciudadanos intoxicados por licores adulterados. ¡Mal arranque de la alcaldesa!

 Notícula: ¿Será que el vecino y amigo de Clara López, el abogado y empresario Carlos Alberto Plata, dirá con ella lo que le oían sostener en la época de Samuel, que dizque hacía nombramientos?

 

Twitter @fzuletalleras

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