Por: Piedad Bonnett

Una moral relativa

El caso, como tantos otros en Colombia, sería un episodio más de la picardía criolla si no hubiera terminado en tragedia: cuando dos camiones, uno cargado de helados y otro de productos lácteos, se estrellaron en el kilómetro 48 de la vía Guaduas-Puerto Salgar, la gente de los alrededores se agolpó para —como dijo un testigo al cronista— “ver qué caía”. “Siempre ha sido así con los camiones que se accidentan por acá”. Unas 20 personas se abalanzaron sobre los helados, que desparramados en la vía amenazaban con derretirse. La lógica de aquellos curiosos cualquiera puede entenderla: en aquel calor infernal, no es ningún pecado comerse un helado antes de que se lo chupe el pavimento. Ahora, si hubieran sido medias o repuestos la lógica habría sido la misma. Los más avispados y con menos escrúpulos “venían en motos y carros, recogían cajas y se iban”. Pero todo no paró allí: aquel grupo no saciado se quedó ¡tres horas! esperando a que voltearan el camión de Lacto Life para ver si sus puertas se abrían y remataban con yogures. Seguro que ninguno creía estar haciendo algo malo o tenía culpa. Cuando hay escasez, que creo debía ser el caso de estas gentes, días soporíferos y tedio, y, sobre todo, cuando los accidentes y el saqueo son la costumbre, la moral se relativiza. Y si los saqueadores tienen conciencia de que la Ruta del Sol, donde queda la vía Guaduas- Puerto Salgar, fue robada en millones de millones por un montón de funcionarios corruptos, menos reparos tendrán de asolar los camiones accidentados.

El espectáculo que imaginamos, entre gracioso y patético, tuvo un final trágico: “una volqueta roja cargada de rocas que traía desde una zona donde se está excavando un túnel en la Ruta del Sol” se dejó venir desde la parte alta de la carretera “como un misil sin freno, llevándose todo a su paso”. Ocho personas murieron y varias quedaron heridas. Una mezcla de azar y destino. ¿Les suena conocido un camión sin frenos arrasando con todo, producto de la irresponsabilidad de los dueños y del conductor y de la desidia y la falta de control de las autoridades? Como los accidentes, como el saqueo, “siempre ha sido así”.

Podemos relacionar este caso con otro reciente, en el que un grupo de vecinos de tres barrios populares caleños emprendieron un viaje de turismo que alguien supuestamente regalaba con todos los gastos pagos. Nadie puso en cuestión lo extraño de este ofrecimiento —porque, cuando lo que se recibe es gratis, es mejor no preguntar mucho—. Después de que el bus se accidentó, con un saldo atroz de 24 personas muertas y 13 heridos graves, las autoridades encontraron en su interior 80 kilos de cocaína. La mujer que organizaba el paseo, que tal parece que recibía dos millones de pesos por cada viaje y que fue llevada a la cárcel, dijo entre lágrimas que ella era una mujer honrada, una persona decente. Y estoy segura de que así se siente. Porque en este país, de arriba a abajo, todo, desde la moral, es relativo.

Nota: en mi columna anterior escribí vaso por bazo. Mea culpa por ese error que no corregí como debía y ofrezco disculpas.

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