Una movida electoral

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El viernes 3 de enero Quassem Soleimani saltó hecho pedazos, víctima de misiles disparados por militares americanos contra los carros que él y una importante comitiva de líderes chiítas ocupaban a la salida del aeropuerto de Bagdad. Nadie lo esperaba y se han tejido mil teorías al respecto, pero uno no sabe por qué no se hace énfasis en la más obvia: fue una movida electoral de Trump para ganar en noviembre.

Si uno compara al actual presidente de Estados Unidos con sus antecesores republicanos, está claro que ha recurrido a la violencia abierta bastante menos que ellos. Mucho se habló, por ejemplo, de una potencial invasión a Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro, operación que, dada la tradición de aventuras militares americanas, era fácil y expedita, pero no ocurrió y ahí sigue el gordiflón comiendo chicharrones en el Palacio de Miraflores. Lo de Trump no se puede comparar, por ejemplo, con la guerra de gran escala que George W. Bush le declaró a Saddam Hussein en 2003, camino a su propia reelección. Ojo que en todo esto no hago valoraciones éticas, apenas recurro al sentido común militar.

 

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