Por: Santiago Montenegro

Una mujer brillante

EL JURADO DEL PREMIO MEDALLA Juan Luis Londoño de la Cuesta ha otorgado esta distinción a la economista Ana María Ibáñez Londoño, actual directora del Centro sobre Desarrollo, CEDE, de la Universidad de los Andes.

Creado en memoria del ministro de Salud de la primera administración de Álvaro Uribe y otorgado cada dos años, además de honrar su meritoria carrera académica y pública, tiene como propósito promover en el país la aplicación de la economía y otras ciencias sociales a la solución de los problemas relacionados con el bienestar social. En esta ocasión, el jurado destacó a Ana María Ibáñez por su trabajo para entender y analizar los costos económicos que el conflicto interno colombiano ha producido en la población desplazada. Destacó que su trabajo ha ayudado a entender las estrategias que los desplazados se han visto obligados a utilizar para enfrentar su situación y que, muchas veces, conducen a trampas de pobreza. Enfatiza también el impacto que el desplazamiento ha tenido sobre el mercado laboral del país y, en particular, sobre los salarios y la informalidad. Finalmente, el jurado también resalta que los estudios de Ibáñez nos han ayudado a entender y plantear políticas públicas que podrían ayudar a mitigar los efectos económicos del desplazamiento.

Esta economista de la Universidad de los Andes, con PhD en economía agrícola y recursos naturales de la Universidad de Maryland, había ya obtenido en 2005 el Japanese Award for Outstanding Research on Development y, más recientemente, la mención de honor del premio Alejandro Ángel Escobar en ciencias sociales y humanas, también por sus investigaciones sobre las consecuencias del desplazamiento forzoso en Colombia. Pero entre sus líneas de investigación se encuentran estudios sobre el medio ambiente y política ambiental, como temas relacionados con la contaminación de la bahía de Cartagena, la economía del Transmilenio, análisis del impacto de fondos sociales en Guatemala, entre muchos otros.

A diferencia de algunas carreras públicas hechas a base de atajos, clientelas u otros métodos peculiares, que no llegan a ser más que fogonazos efímeros, la carrera de Ana María Ibáñez es de aquellas hechas a base de perseverancia, seriedad, inteligencia y mucho estudio. Por estas razones, es de esperar que esta académica y profesora universitaria tenga una influencia duradera sobre la actual y las próximas generaciones. Con mucho esfuerzo y dedicación, Ana María Ibáñez es un ejemplo de un grupo cada vez más numeroso de personas que han querido dedicarse a la academia, a la investigación y a la docencia como forma de vida. En un país que aún no ha entendido la importancia del conocimiento para el desarrollo, con bajísima inversión en ciencia, tecnología e innovación y con muchas personas de influencia que desprecian el trabajo intelectual, ésta no es una tarea fácil. Pero, poco a poco, en algunas universidades y centros de investigación se van consolidando grupos que generan conocimiento valioso, muchas veces, más apreciado en el exterior que dentro del país. Si nuestros gobiernos y congresos tuviesen una mente más abierta, además de proveer más recursos presupuestales a la investigación y desarrollo, deberían crear comités de consulta, como existen en Europa y los Estados Unidos, para invitar a estos académicos e investigadores brillantes para que den sus opiniones sobre los grandes problemas del país y sus posibles soluciones. Pero también deberíamos tener más incentivos por la vía positiva, más premios y distinciones para estimular a investigadores y docentes, como Ana María Ibáñez. Debemos resaltarlos y ponerlos de ejemplo para las próximas generaciones.

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