Por: Luis Carlos Vélez

Una narco-relación

El viernes pasado la dignidad de algunos se afectó, el corazón de otros se arrugó y la bilis del resto aumentó, cuando se conocieron las más recientes declaraciones de Donald Trump sobre Colombia.

En su tono desparpajado y condescendiente de siempre, el mandatario dijo: “Colombia, ustedes tienen un nuevo presidente. Un tipo muy bueno. Lo conocí. Lo tuvimos en la Casa Blanca. Nos comentó cómo iba a detener las drogas. Pero más drogas están saliendo de Colombia ahora que antes de que él fuera presidente, así que no ha hecho nada por nosotros”.

Aunque muchos se indignen, Trump está diciendo la verdad y no le está metiendo una “trumpada” a Duque. Aunque burdamente, el jefe de Estado está poniendo las cosas en su justa proporción. Me explico.

Es cierto que Colombia está registrando niveles récord de hectáreas cultivadas de coca y exportando más cocaína que nunca. Según el más reciente estudio de Insight Crime, esto se debe principalmente a tres factores: el narcotráfico genera márgenes de casi 3.000 %, los narcos bajaron su perfil, Venezuela permite su comercialización y el proceso de paz creó incentivos para que los campesinos cultivaran coca.

Según la ONU, el cultivo ilícito subió constantemente desde 2013, de 48.000 hectáreas registradas en 2013 hasta 171.000 en 2017 y el 64 % del incremento de la superficie se concentró en los departamentos de Antioquia, Putumayo, Norte de Santander y Cauca. Claramente no miente Trump.

La administración Duque poco o nada ha podido hacer sobre este tema. A pesar de sus buenas intenciones, no ha avanzado con contundencia en la erradicación manual de cultivos y lamentablemente tiene a miles de soldados arrancando plantas de coca en lugar de estar atentos a la seguridad nacional, no ha podido encontrarle una salida a la utilización del glifosato, así sea en cultivos donde no haya población y tampoco ha podido eliminar los incentivos perversos que generó el proceso de paz para que campesinos mantengan esos cultivos para recibir ayuda del Estado.

Aunque la gravedad del tema de Venezuela acercó a Colombia y EE. UU. en el objetivo común de acabar con el régimen de Maduro y funcionó como un balde de hielo en una relación que pintaba caliente desde el principio por la naturaleza transaccional de Trump, la realidad es que el fondo de la verdadera relación Bogotá-Washington ha sido, es y será las drogas.

Sin Farc para que los narcos se camuflen, con un país lleno de coca y con un presidente de Estados Unidos sin tanta diplomacia y con ganas de resultados, llegó la hora de ponerse serios con el tema. Miren ya dónde vamos.

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2019-03-31T15:06:42-05:00

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2019-04-09T11:00:18-05:00

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