Por: Columnista invitado

Una necesaria redefinición

Mañana comienza la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá. Una cumbre que plantea ciertos cuestionamientos y dudas.

En primer lugar, porque tras el relativo fracaso de la Cumbre Iberoamericana de Asunción (Paraguay), en el año 2011, la cumbre pasada, realizada en Cádiz, sirvió para revitalizar el alcance y sentido de unos encuentros que vienen siendo una constante desde 1991. Si bien en 2011 la ausencia de los países de Mercosur, el carácter reaccionario de los países del Alba y el recelo hacia la posición española plantearon cuestionamientos respecto del agotamiento de este tipo de encuentros, en la reunión acontecida hace un año parecieron despejarse buena parte de estos fantasmas.

En Cádiz, los países latinoamericanos asumieron el protagonismo del encuentro, enfatizando en la necesidad de que Europa abandone las políticas de austeridad, dada las consecuencias en el continente de la “década perdida”. Igualmente, Brasil, Argentina y México reivindicaron la necesidad de articular posiciones compartidas con Europa dentro de los escenarios multilaterales y, del mismo modo, se integraron algunas de las prioridades que dominan el espacio birregional eurolatinoamericano, como son el desarrollo de infraestructuras, el fortalecimiento de las pymes y el respeto al medio ambiente.

La Cumbre de Panamá va a ser un punto de inflexión en la deriva del espacio iberoamericano. En principio se abordará la necesidad de un enfoque más pragmático que aproveche la complementariedad de las economías iberoamericanas y desarrolle el potencial de las pequeñas y medianas empresas de ambos lados del Atlántico. De igual manera se va a replantear el esquema de financiación de la Secretaría General Iberoamericana, organizadora de las cumbres. Además de lo anterior, en Panamá se despedirá el secretario general, el uruguayo Enrique Iglesias, quien está al frente de esta modesta commonwealth hispano-lusa desde 2005.

Confirmadas las ausencias del rey Juan Carlos, Cristina Fernández, José Mujica, Rafael Correa, aparte de las de Raúl Castro y Nicolás Maduro, y posiblemente las de Sebastián Piñera, Dilma Rousseff y Daniel Ortega, en esta ocasión, lo importante es que tales ausencias no eclipsen una cumbre pues las relaciones entre Europa y América Latina atraviesan su mejor momento.

 

 

Jerónimo Ríos Sierra, * Profesor U. Santo Tomás

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