Por: Miguel Ángel Bastenier

Una nueva Colombia para América Latina

EL ANTERIOR PRESIDENTE COLOMbiano Álvaro Uribe peleó áspera y tenazmente para que el Estado recuperara presencia y dominación del territorio en el combate con la guerrilla de las Farc, entre otros grupos de bandoleros e insurgentes.

Esa violencia necesaria pudo, sin embargo, arrastrar el país a posiciones exteriores no siempre gratas a otras potencias de América Latina. No ya por casos como la incursión en tierra ecuatoriana para acabar con Raúl Reyes, sino por opciones mucho menos decisivas como la cesión o reconocimiento de uso de bases militares a Estados Unidos, que tanto disgustó al líder de la izquierda bienpensante, el presidente Lula. Pero en solo unos meses Juan Manuel Santos ha construido una política exterior muy distinta, que sitúa al Gobierno de Bogotá en una privilegiada posición de mediador en el espacio latinoamericano.

El primer golpe fue liquidar  de un plumazo la grave fricción con la república bolivariana. El presidente Santos olvidaba con extrema elegancia en agosto pasado el contencioso con Hugo Chávez, llegando incluso a archivar una investigación que Uribe había encargado a la OEA sobre la existencia de santuarios de la fuerza insurgente en territorio venezolano.

El pacto militar con Estados Unidos corría poco después igual suerte, sin que nadie en Bogotá le dedicara ni un responso, y en noviembre pasado se restablecía a nivel de embajadores una relación que hoy es sumamente cordial con Ecuador. Pero lo más importante en esa política de ‘cero problemas con el vecindario’, es que a derecha e izquierda le sea útil a América Latina la nueva política exterior de Colombia. Buenos oficios en lugar de crispación.

Como es notorio, se halla muy avanzada una mediación para poner fin al conflicto hondureño, cuyos protagonistas son los dos “nuevos mejores amigos” Juan Manuel Santos y Hugo Chávez. Y así se espera que el presidente Manuel Zelaya, derrocado por un golpe de Estado militar en 2008, pueda volver a su país sin temor a absurdas requisitorias judiciales. De esa forma, Brasil, Venezuela y Argentina, que habían optado por defender los derechos de Zelaya contra el presidente democráticamente elegido, Porfirio Lobo, puedan cesar en un boicot que a nadie favorece.

Paralelamente, Colombia, que era medio paria en Unasur, la asociación de países suramericanos ideada por Brasil y Venezuela para comerle terreno a la OEA, hoy tiene a María Emma Mejía de secretaria general, y hay un acuerdo con Caracas para que la suceda el venezolano Alí Rodríguez. Y todo ello, sin que Bogotá tenga que renunciar a sus aspiraciones de principal aliado de Estados Unidos en el hemisferio, a la espera de que el Congreso norteamericano apruebe, quizá este verano, el TLC.

Igualmente, el presidente Santos persigue el ingreso del país en la OCDE y en el gran cónclave –la APEC¬ del Pacífico. Así, el 28 de este mes se refuerza esa orientación a cuyo término se encuentra la más emergente de todas las potencias, China, con la firma de un pacto de cooperación entre Estados ribereños del océano que descubrió Balboa, notablemente Chile, Perú, Colombia y México. Ese nuevo bloque,  incluso si el 10 de junio Humala gana las elecciones presidenciales peruanas, será básicamente neoliberal y actuará de hecho como un cierto contrapeso al agrupamiento bolivariano-chavista de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y ya veremos en qué medida Ecuador, que también quiere mirar al Pacífico.

Y en esa misma ofensiva exterior, Juan Manuel Santos batió a primeros de abril todos los récords de proyección de imagen con motivo del almuerzo celebrado en el Ritz de Madrid –escenario en el que antes había triunfado también Uribe¬ donde hubo que habilitar todos los salones de la planta baja para acoger a la multitud que quería escuchar al presidente. ¿Por qué será que los mandatarios colombianos gustan tanto y les gusta tanto visitar España? Pregúntese uno, como respuesta, de qué parte del planeta proceden los López, Barco, Betancur, Samper, Pastrana, Uribe, Santos, o hasta el último de ellos, de Santander a esta parte.

Pero en ese cuadro aparece algún mediano nubarrón. El Nuevo Herald de Miami anunciaba esta semana que el 10 de mayo difundiría documentos contenidos en las computadoras de Raúl Reyes, con nuevas revelaciones sobre el vínculo entre Chávez y el grupo narco y terrorista. El Instituto de Estudios Estratégicos de Londres ¬como informa el diario de Miami¬ recibió el material del Gobierno de Uribe, que, en lo esencial, confirmaba el financiamiento venezolano de las Farc. Todo ello era, sin embargo, cosa sabida, puesto que el ministerio de Defensa colombiano había hecho público en su día lo que calificaba de transcripción de una parte de las grabaciones. ¿Pero por qué renace ahora una siembra que podía creerse ya de sobras recogida? ¿Tiene algo que ver con la visible tirantez entre el presidente y su antecesor? ¿Con la incomodidad que hizo que Santos declarara que cuando se retire, lo hará de verdad y dejará gobernar en paz a quien le suceda?

Esta Colombia renovada tiene ante sí, junto a copiosas dificultades hijas en parte de sus grandes ambiciones, una excelente oportunidad de progreso e irradiación internacionales. Quedamos a la escucha.

 

* Columnista del diario ‘El País’ de España.

 

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