Por: Randal C. Archibold

Una nueva época en Cuba

DURANTE 52 AÑOS, LOS HERMANOS Castro han gobernado a Cuba. Sin embargo, si el presidente Raúl Castro se sale con la suya, podría quedar sin empleo para 2013 y definitivamente para 2018, cuando tenga 86 años.

Castro, en un discurso pronunciado el sábado, en el que anunció una serie de cambios orientados a sacar a la isla de la desesperación económica y del estancamiento en las ideas, propuso que se limite a los políticos a dos gestiones de cinco años, en un esfuerzo por rejuvenecer al sistema dominado por leales a la revolución que envejecen. Hasta arriba están él mismo y Fidel Castro, de 84 años, quien cedió permanentemente el poder presidencial en 2008, y el mes pasado anunció que ya no es el dirigente del Partido Comunista.

Sin embargo, Raúl Castro fue aún más explícito sobre lo que la mayoría de los cubanos sólo hablan a puerta cerrada y el resto del mundo ha dado por sentado: la época Castro se acerca a su fin.

“Llegamos a la conclusión de que es aconsejable limitar los cargos fundamentales políticos y del Estado para un periodo máximo de dos gestiones consecutivas de cinco años”, dijo Castro en el discurso de apertura del Sexto Congreso del Partido Comunista, el primero desde 1997. Dijo, que su generación no preparó a una nueva de líderes jóvenes, e hizo un llamado a un “rejuvenecimiento sistemático de toda la cadena de puestos partidistas y administrativos”.

Las declaraciones de Castro podrían intensificar la intriga que rodea a su ascenso oficial al máximo cargo del Partido, en cuanto a la segunda posición más alta, y la cuestión de a quién designarán el nuevo número dos, o posible sucesor.

Su propuesta para reducir los periodos de gestión se produjo en un día que osciló entre incluir el pasado y asir el futuro.

En la mañana, Cuba miró hacia atrás, con jets de combate, relucientes tanques color olivo y cientos de miles de manifestantes gritando con fervor por la fallida invasión de exiliados cubanos en la bahía de Cochinos hace 50 años, un triunfo que aún se celebra aquí.

Por la tarde, Castro miró hacia adelante, jurando fidelidad al socialismo, mientras reconocía las realidades objetivas de la economía paralizada. Hizo un llamado a eliminar las libretas de las raciones mensuales que usa la mayoría de los cubanos para comprar bienes, y por una expansión continua de la empresa privada. Llamó a sus compatriotas a sacudirse la inercia y adoptar “una puesta al día” del modelo cubano.

“Ningún país, ninguna persona pueden gastar más de lo que tienen”, dijo Castro ante mil delegados reunidos en el Congreso del Partido, que se espera produzca cambios amplios en el sistema cubano antes de concluir el martes. “Dos más dos son cuatro. Nunca cinco, mucho menos, seis o siete, como hemos pretendido algunas veces”.

Habló durante más de dos horas — y por más de una tras declarar: “Ya se dijo todo sobre la revolución”—  y Castro aseguró que prevalecería el socialismo y prometió que los cubanos seguirían teniendo acceso gratuito a la salud y la educación. Sin embargo, dijo que las dádivas gubernamentales como las libretas de racionamiento son “una carga insoportable para la economía” que desalientan a las personas a trabajar.

Elogió la ampliación de oportunidades ya extendidas hacia los emprendedores; el gobierno ha otorgado 180,000 licencias para pequeños negocios, como vendedores de café, puestos de comida rápida y renta de casas, y se espera que se emitan decenas de miles en los próximos meses. No obstante, pareció rechazar como “contrario al socialismo” el relajamiento de la normatividad para la compra y venta de vivienda, un cambio que se avecinaba según la especulación de algunos analistas.

La economía cubana se está hundiendo, sacudida por los persistentes efectos de la recesión mundial de 2008, una caída libre en el mercado del azúcar y, argumenta el gobierno, el embargo económico estadounidense.

Las propuestas de Castro podrían ser los cambios más significativos desde la nacionalización de las empresas en 1968, aunque no está claro que sus colaboradores y él, batallen para establecer el curso que no se verá como un fracaso del socialismo.

Castro ya advirtió que el Estado ya no puede mantener a cuatro quintos de la fuerza de trabajo en sus nóminas, pero este mes retrasó indefinidamente el despido de 500.000 empleados estatales que se anunció el año pasado.

En muchas formas, la manifestación matutina fue típica de la mayoría de las marchas masivas organizadas por el gobierno. Muy temprano por la mañana, autobuses provenientes de todo el país vomitaron trabajadores que ondeaban banderas cubanas, llevaban camisetas con la imagen del Che Guevara y otros símbolos, portaban pancartas y mantas, y bailaban al palpitante ritmo de salsas patriotas.

Marcharon a lo largo de la avenida Malecón, hasta la Plaza de la Revolución, donde Castro y otros dignatarios resplandecían ante la demostración de fuerza “para combatir cualquier agresión imperialista”, como lo expresó el maestro de ceremonias.

El fracaso de los exiliados cubanos, entrenados y asistidos por la CIA para derrocar al gobierno de Fidel Castro, aún es un triunfo sobre Estados Unidos importante en Cuba, todos estos años después.

La multitud gritaba: “¡Viva Fidel! ¡Viva Raúl! ¡Viva nuestro Partido Comunista!”. No obstante, había cierta ansiedad.

“Realmente, no sabemos qué se avecina”, comentó Armando, un maestro que se abría paso hacia el desfile y quien, como muchos otros aún temerosos de expresar su opinión, sólo proporcionó el nombre. “Es preocupante, pero mire a su alrededor. Nada cambia aquí, y ése es el problema. Somos como un museo viviente”.

Unas cuantas pancartas hechas a mano parecían guiñarle al futuro.

“Eficiencia”, decía una, “y victoria”.

 

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