Una nueva gobernanza ética global

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Hace ya 34 años el gran sociólogo alemán Ulrich Beck publicaba su obra La sociedad del riesgo, en la cual anunciaba que la globalización había aumentado los riesgos hasta un punto en el cual tarde o temprano se generarían daños sistemáticos e irreversibles que nos llevarían inexorablemente a una nueva modernidad. En ese momento su propuesta fue generar una nueva gobernanza para impedir la catástrofe. Lo que en ese entonces parecía sacado de escenarios apocalípticos o de ciencia ficción finalmente llegó: la sociedad es más vulnerable que nunca y está llegando al borde de dos caminos: el populismo o un nuevo modelo de ética universal.

Un virus originado en una provincia interior en China ha matado a casi 500.000 personas e infectado a casi nueve millones, afectando por igual a países del primer y del tercer mundo. Todavía estamos muy lejos de tener una vacuna y los medicamentos para el tratamiento del virus tienen una eficacia muy marginal. Tres circunstancias están aumentando los efectos que pueden llevarnos a un caos mundial sin precedentes:

1. El desempleo ya está llegando al 30% en todo el mundo. 2. Las protestas por el cruel asesinato de George Floyd tienen a la primera potencia mundial al borde de una crisis social sin precedentes. 3. La crisis del petróleo terminó quebrando gran parte de la cadena de la cual vive por lo menos el 20% de la economía mundial.

El mundo vivió una situación muy similar a finales de la década de 1920: había sufrido la llamada gripe española que acabó con la vida de millones de personas en todo el planeta, la Gran Depresión quebró a todos y el racismo era el principal argumento de la política en muchos países. Al final, la mitad de la humanidad cayó en el populismo. Hitler, Lenin, Franco y Mussolini se aprovecharon del hambre y el caos y generaron las décadas más oscuras que ha vivido la humanidad. La respuesta en los Estados Unidos de los años 30 fue totalmente distinta: las tesis de la demanda agregada a través de la intervención del Estado en la economía propuestas por Keynes convirtieron a ese país en la primera potencia mundial.

Hoy, como hace un siglo, también se están planteando poco a poco los mismos dos caminos: el populismo rampante o el replanteamiento de la economía con un nuevo ingrediente: la ética global. Grandes economistas como Stiglitz, Krugman y Piketty han generado un replanteamiento de los paradigmas económicos con fundamento en la solidaridad y en el aumento de las oportunidades para todas las personas, buscando una economía que tenga en cuenta la ética común y no solo el beneficio personal.

Este modelo tiene cinco pilares esenciales: democratizar el acceso a la educación y a la tecnología, proteger a los ciudadanos a través de un sistema de seguridad social robusto, propender por la equidad dando oportunidades a todas las personas, generar programas de gobierno para conseguir una prosperidad compartida enfocados en la distribución de los ingresos, y propender por una nueva ética ciudadana fundada en el progreso común y no en el beneficio individual. La gran diferencia de este modelo con los extremos está en que no puede surgir de la coacción y la fuerza, sino de la construcción de un nuevo ciudadano ético mundial que busque el interés general sobre el particular. La humanidad se encuentra en un momento cumbre en el cual debe escoger entre dos opciones, todavía hay tiempo de una nueva gobernanza ética global.

Posdata. Quiero agradecer a El Espectador la oportunidad de exponer mis opiniones con total libertad, a su director, Fidel Cano, y a todos sus lectores. Atendiendo la convocatoria a la Procuraduría General de la Nación, me veo en el deber de generar una pausa en estas reflexiones por respeto a esta institución y al Consejo de Estado.

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