Por: Oscar Guardiola-Rivera

Una nueva ilustración

El próximo 18 de marzo, los filósofos Costas Douzinas y Slavoj Zizek harán pública la que llaman “una primera cuenta” del gobierno radical de Syriza en el concierto europeo.

La sesión tendrá lugar en el Instituto Birkbeck para las Humanidades (BIH) de Londres. Asistí a la fundación del BIH en 2005. Su objetivo era responder a la pregunta “¿acaso los intelectuales han hecho algo por el mundo?”, aparecida en un obituario publicado en el Times tras la muerte del pensador argelino Jacques Derrida. El tono de la pregunta era despectivo, un síntoma del antiintelectualismo propio de una época acrítica, pero para nosotros fue una provocación.

La función del intelectual como vanguardia del movimiento transformador de las gentes había sufrido el impacto del fracaso del socialismo real. A la ambivalencia de algunos pensadores de vanguardia respecto de los horrores y errores que llevaron a tal fracaso había seguido la retirada melancólica y culpable de otros, los golpes de pecho y el abandono de lo público a la tiranía del mercado y las opiniones.

Algo estaba mal con nuestra idea colectiva del público y lo público. En la universidad y los medios, “lo público” había adquirido el mal nombre de una ideología supuestamente consignada al bote de basura de la historia. “El público” era tratado de manera desdeñosa: como sujeto pasivo de demagogia, mercadeo y, en todo caso, un objeto maleable para la “nueva” gobernanza de los números y sus falsas teorías.

Lo que ha estado ocurriendo desde entonces, en especial tras la crisis del capitalismo real euroamericano a partir de 2008, patología que lejos de ser resuelta se ha convertido en lo normal, es una revisión profunda de nuestra mala idea de lo público. Ello explica a Syriza y a Podemos, su inspiración latinoamericana tanto como su especificidad europea.

“Uno pensaría que esta retirada de la teoría de juegos está motivada por una agenda de izquierda radical”, escribió en estos días el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, en referencia a una de las pseudoteorías asociadas a la gobernanza de los números. “No es el caso, nuestra mayor influencia es Kant, el filósofo alemán de quien aprendimos que la razón y la libertad escapan al imperio de la conveniencia para poder hacer lo correcto”.

“¿Cómo sabemos que nuestra modesta agenda política, nuestra línea roja, es correcta en términos kantianos?”, pregunta Varoufakis haciendo eco de Douzinas, Zizek y Laclau. “Lo sabemos al mirar en los ojos de quienes pasan hambre en nuestras calles, al contemplar a nuestras clases medias estresadas... Europa recuperará su alma cuando recupere la confianza del público al poner sus intereses en el centro del escenario político”, responde. Allí está la clave para entender a Syriza y a Podemos. Lo que está ocurriendo es una nueva ilustración.

 

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